Jugar limpio significa, ante todo, no culpar a los demás de nuestros errores.
Eric Hoffer
Vivir sin culpa nos permite vivir en paz.

Hablemos de la culpa.

La culpa provoca un sentimiento inútil, doloroso y castrador que, a menudo, necesita ser adormecido con conductas autodestructivas (consumo de alcohol u otras drogas, relaciones tóxicas, provocar la ira de otras personas, etc.). Cuando vivimos en la culpa cobran fuerza emociones de angustia, tristeza, sentir que no merecemos y una baja autoestima. 

Aunque todo esto no es más que un espejismo, una percepción de lo que tenemos delante, lo vivimos como si fuera real y no hubiera ninguna opción más; pero cuando tomamos consciencia de que la culpa es algo que hemos creado en nuestra mente y que nosotras podemos anular, nos va a permitir vivir en paz.

La culpa es una trampa mortal para nuestras ilusiones, nuestras capacidades y nuestro desarrollo y abre las puertas al miedo, a la ansiedad, a la autocensura.


Liberarte de la culpa.

Antes de adentrarme en este apartado me gustaría comentar que no es lo mismo sentirse culpable o culpar a terceras personas por lo que nos ocurre, que no hacer daño a alguien por compasión.

La compasión es un sentimiento que surge de la empatía y que desea aplacar cualquier malestar, físico o mental, de otras personas o seres vivos. La compasión nos impide hacer daño desde el amor, y la culpa nos destruye desde el ego. Cuando digo que es importante liberarnos de la culpa, jamás estoy hablando de hacer daño sin remordimientos, estoy diciendo que para lo único que sirve dar vueltas y más vueltas a algo que ya pasó, es torturarse inútilmente.

La culpa nos agota, nos provoca angustia, remordimientos y condiciona toda nuestra existencia, desde la calidad de nuestras relaciones hasta cómo tomamos las distintas decisiones a lo largo de nuestros días. 


La culpa y el juicio van de la mano.

Cuando nos sentimos culpables o cuando culpamos a otras personas de lo que nos ocurre, acostumbramos a hacer juicios. Nos sentimos mal y siempre que estos sentimientos y pensamientos se apoderan de nuestra mente, pedimos (de una manera consciente o inconsciente) castigo.

Todo esto no son más que trampas de nuestra mente que está siendo manipulada por creencias de dolor implantadas en nuestro cerebro desde la más tierna infancia. Ahora sabemos que podemos trabajarlas desde nuestro yo adulto. Desde esa posición decidimos amarnos y amar a esa niña que habita en nosotras y que necesita protección y cariño.

Es necesario detectar y hacer conscientes las creencias de dolor que interiorizamos en nuestra infancia para poder sanarlas.

Cosas que puedes hacer para liberarte de la culpa.

Lo que te voy a comentar en este apartado, funciona con la práctica, como todo lo que deseamos que sea efectivo.

  1. Abrázate y sonríete a menudo. 

Abrázate por ser quien eres, ámate por el mero hecho de existir. Acéptate tal como eres, anota aquellos hábitos que no te acaban de gustar de ti y trabaja para cambiarlos. Crea, día a día, una mejor versión de ti, pero siempre desde el amor hacia ti. Repítete un mínimo de 20 veces al día que te amas. 

  1. Perdona y pide perdón por aquellos recuerdos de dolor que azotan tu mente.

Cada vez que sientas rabia, impotencia o cualquier otra sensación que te produzca dolor cuando te venga a la memoria algo que ocurrió, puedes trabajarlo con una meditación. Anota aquello que te ha venido a la memoria para tenerlo a mano cuando la hagas.

Siéntate en un lugar tranquilo, donde nadie ni nada te moleste durante unos minutos.

Pon tu espalda recta y haz tres respiraciones profundas. Te recomiendo que en este momento hagas un escáner mental de tu cuerpo para relajarlo punto por punto y, una vez te encuentres en este estado de relajación, traerás a  tu mente aquello que sientes que hiciste y pide perdón por haber herido con el pensamiento, la palabra o la acción de manera consciente o inconsciente, esto es algo que todas hemos hecho. Pide perdón, ten en cuenta que, a veces, todas las personas actuamos movidas por el miedo y el dolor. No somos conscientes que nos confundimos y movidas por el miedo y el dolor herimos a otras personas. Pidamos perdón en nuestra meditación.

Repitamos lo mismo con aquello que sintamos que otras personas nos han hecho daño.

  1. Pídete perdón a ti misma.

Pídete perdón por todas las veces en las que no te has tratado bien, que te has hecho daño a ti misma. Demasiadas veces has sido muy dura contigo misma. Pídete perdón, al hacerlo relajarás la rigidez de las barreras que el dolor han puesto en tu corazón. 

Permite visualizar las imágenes de todas las veces que te has hecho daño, de una manera consciente o inconsciente. Pídete perdón. 

Perdónate por aquello que has hecho movida por el miedo, el dolor, la ignorancia, la negligencia… En muchas formas te has tratado mal. Pídete perdón y abre tu corazón al amor incondicional hacia tí. Te lo mereces. 

Gracias por leerme. 

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