Lee aquí la primera parte de este artículo: «Soltar y perdonar para tener paz interior (I)»


¿Por qué nos cuesta tanto perdonar?

Nos cuesta tando perdonar porque creemos que el dolor nos lo ha causado otra persona y, en cierto modo, la queremos castigar, queremos que sienta culpa. Como decía Louise Hay: “La culpa siempre pide castigo.”

Pero esto es un grave error. Cada vez que vives esa memoria de dolor, todo tu organismo lo vive como si estuviera sucediendo en ese momento, y lo único que consigues es perjudicar tu organismo y perjudicar tu estado emocional.

Perdonar y soltar es un acto de amor y respeto hacia ti. No tienes que hablar con nadie, no tienes que decirle a nadie que le has perdonado, no tienes que pedir perdón a nadie. Es algo de ti a ti, algo contigo misma.

Soltar y perdonar para tener paz interior.

 

Perdonarte a ti misma.

Es curioso, pero perdonarnos a nosotras mismas es todavía mucho más difícil para algunas personas que perdonar a otras. Pero, fíjate, cuando te autocastigas porque crees que has hecho algo “imperdonable” lo único que vas logrando es que tu carácter se pueda ir agriando, que ese sufrimiento que te vas infligiendo perjudique la relación con las demás personas porque perjudica la relación con la persona más importante de tu vida que eres tú.

Te voy a hacer una pregunta que explicará por qué digo que no perdonarte perjudica la relación con las demás personas: A ti, ¿con quién te gusta más estar, con una persona que vive desde el rencor y el resentimiento, o con una persona que es libre y que te transmite paz?

Cuando eres capaz de perdonarte, eres capaz de hacer cosas que nunca te hubieras imaginado.

Te invito a que adoptes una frase que te va a ir permitiendo soltar esas memorias de dolor, y así poder empezar a tener una relación más saludable contigo misma. Es una frase que utilizamos mucho en Tapping y que vamos adaptando a distintas situaciones. Te invito a que te sientes en una posición cómoda, a que realices tres respiraciones profundas, conectes contigo y te repitas:

Aunque esto….. (di lo que estés cargando) todavía no lo he soltado, me amo y me perdono incondicionalmente.”

Esta forma de frase es muy poderosa porque, en la primera parte, estás reconociendo que hay algo que todavía tienes que resolver, no te estás autoengañando, y la segunda parte deja claro que tú no eres aquello que tienes que perdonar, tú eres un ser maravilloso que merece amor y perdón incondicional.

Repítete esta frase dos, tres, cuatro, cinco veces. Cuando termines continúa con las respiraciones y observa cómo te sientes. Por favor, no juzgues nada. Si lo crees necesario, la repites.

 

Ejercicio para perdonar a otras personas.

  • Siéntate en una posición cómoda.
  • Haz tres respiraciones profundas.
  • Visualiza la persona con la que tienes el conflicto a resolver, con el máximo de detales posible: cómo va vestida, cómo se mueve, cómo habla, cómo huele, cómo lleva el cabello, qué ropa viste, sus zapatos, su voz…
  • Ahora que la tienes delante con todo tipo de detalles, le dices (de pensamiento o en voz alta): “Me has hecho mucho daño, pero no quiero continuar atrapada en el pasado, así es que te perdono.”
  • Respira tres veces profundamente, quédate un rato sentada, sin juzgar, concéntrate en la respiración y empápate de tu bienestar.
  • Antes de levantarte puedes todavía decir: “Te perdono y te libero. Eres libre, y yo también.”

Si notas alguna resistencia a perdonar, repite el ejercicio tantas veces como necesites para que, cuando pienses en aquello que pasó o en aquella persona, no sientas rencor y te sientas libre.

Recuerda que todo aquello que no perdonas queda depositado en tu mochila emocional y con el tiempo supone una carga muy pesada de llevar.

Para terminar, quiero insistir en que te perdones, en que dejes de ser tan dura contigo misma y en que tengas presente que en cada momento hiciste lo mejor que pudiste y lo mejor que supiste.

Gracias por leerme. Te mando un abrazo.

 

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