Esta es una fábula china que incide en el valor de la generosidad, la solidaridad y la empatía.

Se la conoce como “La luz prestada” pero la he titulado “Sé una persona de luz” en recuerdo de mi muy amado abuelo, que, cuando yo le pedía consejo sobre alguien, una de sus respuestas era: “Rosa, sé una persona de luz. En este mundo hay personas de luz y personas de humo. Con las personas de humo no verás nada, pero respétalas. Con las personas de luz verás tu camino. Sé tú una persona de luz y rodéate de personas de luz.”*

Iluminando a los demás también te iluminas tú.

Una mujer muy, muy pobre, trabajaba en un oscuro taller en el que cada una de las trabajadoras debía llevar una lámpara de aceite para iluminar la estancia, pero ella no tenía dinero para comprar el aceite así que su lámpara siempre estaba apagada.

Sus compañeras estaban enfadadas porque lo consideraban injusto. Un día se reunieron y decidieron expulsarla del taller diciéndole:

  • Cada día todas traemos nuestras lámparas encendidas. Si mañana no vienes con tu lámpara encendida, no te dejaremos entrar, porque no es justo que nosotras encendamos las nuestras y tú no.
  • Es cierto -respondío muy apenada la mujer- Yo no tengo dinero para comprar aceite para la lámpara. Por eso vengo antes que vosotras todos los días y barro el suelo, limpio lo que haga falta y arreglo vuestros asientos para que estéis cómodas. A cambio, la luz de vuestras lámparas iluminan suficientemente la estancia. Entonces, ¿en qué puede molestaros que yo use la luz de vuestras lámparas si a cambio hago un trabajo extra en beneficio vuestro?

Ninguna de sus compañeras se había percatado de lo que hacía ella por ellas y, avergonzadas, cambiaron de opinión, acongiéndola de buen grado.


*Nota: En catalán es un juego de palabras, “persones de llum i persones de fum”.

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