Artículo inspirado en el Instagram Live que hicimos Patricia y yo el pasado 21 de octubre.

En la educación de los niños es más conveniente decir “no” en voz baja, que decir “sí” gritando.

Ángel Jordán

Es importante distinguir los «no» y respetarlos.

En la primera etapa de la infancia oímos demasiadas veces la palabra “NO”.

Hay que distinguir y seleccionar los “No”. Un “no” no puede ser algo arbitrario, los límites tienen que darse en la justa medida para que de adultos también puedan establecer sus propios límites.

En la primera etapa de nuestra infancia acostumbramos a oír una palabra con mayor frecuencia sobre cualquiera otra, y esta palabra es: “¡No!”.

Las personas adultas tenemos la misión de mostrar a las pequeñas cuándo decir NO significa poner un límite de “a mí se me respeta”, a cuándo ese NO es una creencia limitante.


Respetar, tenga la edad que tenga, cuando alguien dice NO.

Es importante destacar que si le decimos a una niña “dale un beso a la abuela, a la tía, a mi amiga, a tu amiga…” y nos dice que no quiere, debemos respetar ese NO.

Si no lo hacemos y le insistimos hasta que termina dando ese beso, le estamos enseñando de la peor manera posible que su opinión no cuenta, que lo que realmente vale son los deseos de las demás personas. Esto es algo que les lleva a no valorarse y, en un futuro, a tener relaciones tóxicas de amistad o de pareja, porque le estamos transmitiendo un mensaje de que no valen. Es decirles de manera subliminal “no vales”, “vale lo que la otra persona quiere”, “no te respetes”, etc.; en definitiva, que es más importante complacer a las demás personas que a nosotras mismas y esto es muy peligroso.


Cuando enseñamos a nuestras hijas a respetarse, aprenden a respetar.

La manera de educar a nuestras hijas para que respeten a las demás personas es respetándolas a ellas, respetando sus opiniones, su intimidad, no hacer burla de sus miedos ni de nada referente a su persona y no etiquetándolas con adjetivos desagradables.

Cuando las respetamos, pueden respetar libremente a las personas que las rodean porque saben lo que es, lo viven en primera persona y por eso pueden transmitirlo de manera sencilla, sin imposiciones.

Hay una parte nuestra que tiene derecho a poner límites (siguiendo con el ejemplo anterior): “no me apetece dar un beso a esta persona” y punto. Sin dar lugar a discutir algo tan evidente.


La importancia de respetar los límites de las demás personas.

Tenemos total derecho a que nuestros límites sean respetados, pero, ¿en qué medida respeto yo los límites de las demás personas?

Pongo un ejemplo: si yo llamo a mi querida amiga y colaboradora, Rosa Muro, para pedirle que me gustaría salir con ella mañana y pasar la tarde en una cafetería charlando tranquilamente con la intención de pasarlo genial.

Pero Rosa me dice: “Lo siento, Janet. Yo, mañana había planificado pasar la tarde conmigo. Me había reservado este rato para mí, disfrutar de mí, pasar la tarde conmigo y no me apetece salir”.

¿Cómo respeto yo ese límite? ¿Acepto amablemente que Rosa tiene derecho a no salir conmigo mañana porque le apetece estar con ella, o me enfado y me digo “pues ahora ya no le voy a pedir más que pasemos una tarde juntas”?

Es tan importante hacer respetar mis límites como yo respetar los de las demás personas.

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