Qué es una rabieta.

Una rabieta, a la que también llamamos berrinche o pataleta, es una reacción emocional que se acostumbra a dar en criaturas desde los 18 meses hasta los 3-4 años aproximadamente. 

Una rabieta es una expresión emocional ante la frustración, impotencia o demanda de atención.

Esta explosión de llanto descontrolado puede ser producida por celos, miedo, impotencia… y además de las lágrimas, viene acompañada (a menudo) con patadas, puñetazos, tirarse al suelo, gritos, etc.

Es normal que hasta los 4 años de vida se produzcan una o más rabietas porque esta manera poco diestra de expresarse forma parte del aprendizaje emocional.

De la misma manera que enseñamos a nuestros hijos a caminar, a hablar, a comer…, también les tenemos que ayudar en el aprendizaje de la expresión de las emociones. Ten en cuenta que las rabietas no son más que una forma de comunicar la frustración, la impotencia, la rabia… cuando no se tienen más herramientas para expresarlas de otra manera.


No las hacen para fastidiar a las personas adultas.

Algo que me gustaría destacar aquí es que los niños, durante la pataleta, lo pasan muy mal y no las hacen para fastidiar a las personas adultas ni porque las quieran molestar de alguna forma; las hacen porque en esos momentos no tienen más recursos comunicativos para expresar ese malestar que sienten.

Las rabietas surgen por no saber manifestar la sensación de impotencia que sienten cuando quieren algo y no lo consiguen (deseo insatisfecho) o cuando intentan hacer algo que no les acaba de salir bien o, también, es una manera de pedirnos algo.

El hecho de que no las hagan para fastidiarnos no significa para nada que las dejemos pasar, lo que significa es que tenemos que ser respetuosas y comprensivas con esa situación y acompañarlos en su aprendizaje emocional para que puedan expresar sus emociones de una manera saludable.

Hay que tener en cuenta que si no se gestionan bien pueden terminar convirtiéndose en un patrón de comportamiento que utilicen para conseguir todo lo que quieran.

También me gustaría comentar que es normal que los niños hagan pataletas, el problema no está allí, el problema surge si, como personas adultas, no los acompañamos adecuadamente en este proceso.


Cómo evitar las pataletas.

En la mayoría de los casos es difícil evitarlas, pero sí que puedo compartir contigo algunas herramientas para que se puedan paliar y poder mostrarles a tus hijos otra manera de expresar las emociones, de manera que las pataletas vayan siendo menos intensas y cada vez más distanciadas en el tiempo.

Nuestra tarea como personas adultas que estamos a cargo es la de enseñar a nuestros hijos a canalizar de manera saludable aquello que sienten. Te voy a poner un ejemplo, imagínate que tu hija se encuentra jugando la mar de bien en su habitación y resulta que ha llegado la hora de darse un baño, por lo que vas tú y le estropeas el momento tan fantástico que está viviendo.

El niño manifiesta señales previas que anuncian una inminente pataleta.

Percibes que algo no va muy bien porque reconoces las señales previas a la pataleta: acaloramiento, ceño fruncido, cierto nerviosismo… Si sigues por ahí, esto acabará en una pataleta; así es que, tú, como persona adulta que eres, decides cambiar de estrategia y le dices algo así:

“Entiendo perfectamente que estás jugando muy a gusto en tu habitación y sé que te hago una mala pasada si te pido que dejes el juego ahora, pero, ¿qué te parece si te llevas a la bañera algunos de tus juguetes y sigues jugando con ellos dentro del agua?”

Otra opción puede ser que optes por mirarla con cara divertida y decirle que el avión que la va a llevar al baño la está esperando. Entonces, la coges en brazos y das unas cuantas vueltas con ella hasta que te paras en la puerta del baño, una vez allí, pones voz de micrófono y dices: “Señoras viajeras, próximo destino: la bañera de su casa. Disfruten de un buen baño” y haciendo ruidos de motor de avión, la llevas hasta la bañera.

Estas son dos propuestas que te hago, pero estoy segura que a ti se te van a ocurrir muchas más.

A los niños les encanta que juguemos con ellos y, al igual que nosotras, lo que quieren es sentirse bien. Ayudémosles a lograrlo.


¡Socorro! ¡Rabieta a la vista! ¿Y ahora qué hago?

Ante todo, mantener la calma. Sé, por mi experiencia como madre y como educadora, que no siempre es fácil, pero ten en cuenta que muchas veces las pataletas suceden cuando todas estamos muy cansadas, en un sitio público, en una comida familiar, etc. Pero, si nosotras, las personas adultas que predicamos con el ejemplo, perdemos la calma, todo se va a desbordar; además estaremos confirmando que “perder la calma y gritar o enfadarse” es la manera normal de comportarnos y de comunicarnos y, las pataletas, en lugar de disminuir, irán en aumento.

Cuando la pataleta ya ha hecho acto de presencia, lo que podemos hacer es acompañar en silencio a nuestro hijo y, como he dicho antes, mantener la calma. Es importante destacar que “acompañar en silencio” no tiene nada que ver con “ignorar”; por favor, si le ignoramos le estamos diciendo de manera no verbal que no nos importa lo que pueda sentir ni cómo se encuentre.

Cuando la pataleta ya se ha presentado, siéntate en el suelo y procura quedarte a una altura en la que tu hijo pueda ver tu mirada tranquila y comprensiva. Al mismo nivel. Al estar a su lado le estás dando muestras que, aunque no te guste que haga pataletas, tu lo amas incondicionalmente y por eso te quedas a su lado para acompañarlo en un momento tan angustiante para él.

En estos momentos es muy complicado poder hablar con él, todo lo que digamos caerá en saco roto. Por fortuna, la explosión de emociones que salen durante una pataleta dura poco tiempo (aunque cuando estamos en medio de una, nos parezca una eternidad). 

El momento de intentar hablar con él es cuando la pataleta ya se ha terminado. Abrázalo (si se deja) y dile que le quieres, que no te ha gustado nada lo que ha sucedido pero que le amas.

Puedes leer la segunda parte de este artículo en «Qué hacer ante una rabieta infantil (Segunda parte)».


Muchas gracias por leerme.

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