No estamos solos, todos aportamos llama.

Hoy me gustaría hacerme eco de una historia que corre por las redes y que encuentro muy adecuada en estos tiempos de pandemia. Habla de las relacions de proximidad (aunque actuamente no pueda ser de forma tan física) entre las personas. La he traducido, puesto que me ha llegado en su idioma original.

Un hombre, que acudía periódicamente a encuentros con sus amigos, de repente, sin avisar, dejó de participar de las actividades que compartían.

Pasadas unas semanas, una fría noche, un integrante del grupo se decidió a visitarlo. Lo encontró en su casa, solo, sentado delante de la chimenea. En ella quemaba un fuego brillante y acogedor. Adivinando el motivo de la visita, el hombre le dio la bienvenida. Se hizo un gran silencio.

Los dos hombres solamente contemplaban el baile de las llamas alrededor de los troncos de leña que chisporroteaban en la chimenea.

Pasados unos minutos, el visitante, sin mediar palabra, examinó las brasas que se formaban y escogió una, la más incandescente de todas, y la retiró a un lado del fuego con unas tenazas.

Entonces volvió a sentarse.

El anfitrión se mantenía atento y, pasado un rato, la llama de la brasa solitaria disminuyó, hasta que finalmente brilló un momento y su fuego se apagó. De repente.

En poco tiempo, lo que era una muestra de luz y de calor, no era más que un negro, frío y muerto trozo de carbón.

Intercambiaron poquísimas palabras, exceptuando el saludo.

Antes de prepararse para marchar, el visitante volvió a coger el carbón, ahora frío e inútil, con las tenazas y volvió a ponerlo en medio del fuego.

Inmediatamente la brasa volvió a prender, alimentada por la luz y el calor de los troncos que tenía a su alrededor.

El anfitrión le dijo: “Gracias por tu visita y por tu bellísima lección. Volveré al grupo.”

¿Por qué se extinguen los grupos?

Muy simple: porque cada integrante que se aparta resta fuego y calor al resto.

A los integrantes de un grupo es necesario recordarles que forman parte de la llama.

Es bueno recordarles que todos somos responsables de mantener nuestra llama (la de cada uno de nosotros) encendida, y que tenemos que promover la unión entre todos para que el fuego sea realmente fuerte, eficaz y duradero.

No pasa nada si, a veces, nos molesta que lleguen tantos mensajes al chat, lo que es importante es estar conectados, algunos en silencio, otros muy activos, con nuestras diferencias de opinión y carácter.

Los amigos que estamos reunidos aquí lo estamos para conocernos, aprender, intercambiar ideas o, simplemente, para saber que no estamos solos, que hay un grupo de Amigos y Familia con el que podemos contar.

Mantengamos la llama viva.

Aunque algunos solamente envíen mensajes esporádicamente, es bueno saber que mantienen su llama encendida.

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