El cuento de hoy nos habla del bien común, de que la diferencia entre un lugar bueno o malo la marcamos nosotros mismos con nuestras acciones. Ayuda a los demás y rodéate de personas que también lo hagan.

Ayudar a los demás revierte en nuestra paz interior.

En un lejano país de Oriente, dos amigos debatían qué era el Bien y el Mal. Cada uno argumentaba según su entendimiento, y hablaban del cielo y del infierno, pero no se ponían de acuerdo. Decidieron consultar a un sabio y fueron a verle a la cabaña donde vivía. Hechas las presentaciones, le preguntaron:

  • Venerable anciano, ¿qué diferencia hay entre el cielo y el infierno?
  • Imaginaros esto: Veo una montaña de arroz recién cocinado, todavía humeando. Alrededor hay muchas personas muy hambrientas. Los palillos que utilizan para comer son más largos que sus brazos, y, cuando cogen el arroz con ellos, no pueden llevárselo a la boca. Cada persona coge una ración de arroz para sí, pero por más que lo intenta no puede comer. Eso las lleva a sentirse cada vez más frustradas y ansiosas.

Y prosiguió su explicación:

  • Veo también otra montaña de arroz recién cocinado, y también humeando. Alrededor hay muchas personas alegres que sonríen con satisfacción. Sus palillos, al igual que los anteriores, también son más largos que sus brazos, pero ellas han decidido darse de comer unas a otras.

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