Realiza una actividad diaria que te apasione.

  • Tener una ocupación que te mantenga enfrascada

Se trata de realizar una actividad diaria que te absorba el máximo tiempo que tengas disponible. La ocupación ideal que realmente te mantenga tan absorta que tu mente no tenga espacio para nada más, puede ser por ejemplo pintar, dibujar, cantar, bailar, escribir, ocuparte de un jardín (tuyo o ajeno), practicar un deporte (nadar, correr, gimnasia…), etc.

Estas actividades te mantienen en el momento presente, requieren de tu máxima atención y son un antídoto fantástico para la ansiedad.

Tu tarea ahora consiste en decidir qué actividad es la que te apasiona lo suficiente para mantenerte enfrascada.

  • Adquirir el hábito de respirar conscientemente

Este hábito, que es un poderoso relajante, es muy accesible. Se trata de que durante varias veces al día, te sientas estresada o no, decidas parar unos segundos de aquello que te encuentres realizando y hagas dos o tres respiraciones conscientes.

Esto significa que pongas tu máxima atención en observar cómo el aire entra y sale de tu cuerpo. Sin hacer nada más. Atención máxima en esto. Luego sigues con aquello que estabas haciendo.

He calculado los segundos que utilizo yo en hacer este ejercicio y son unos 20.

Veinte segundos que te proporcionarán un gran bienestar. Pruébalo.

  • Realizar un voluntariado

Ocupar un par de horas a la semana para colaborar con otras personas y ayudar es algo que proporciona mucha paz mental y grandes beneficios físicos y emocionales.

Además, te permite conocer personas que tienen las mismas aficiones que tú, pasar ratos divertidos con ellas, crear vínculos amistosos, en definitiva, sentirse parte de un grupo fantástico de personas.

          Adquiere el hábito de respirar conscientemente.

 

  • Empieza a reeducar tu mente

Cada vez que aparezcan los primeros pensamientos de angustia, aquellos que te llevan a la ansiedad, dile a tu mente que ahora no puedes estar por ellos, que vas a ocuparte en otros pensamientos.

Yo se lo digo así: “¡Gracias!, pero ahora estoy ocupada en otras cosas. Esto que me dices, no me interesa.”

Entonces, haz las tres respiraciones que te he comentado en el párrafo anterior, o lávate las manos con agua fría sintiendo las caricias del agua en tu piel, o llama a una amiga y hablas con ella (puedes contarle lo que te ocurre o no), o sal a la calle y pasea…

  • Ten algunos recursos preparados 

Ten una especie de farmacia de guardia para cuando la ansiedad empiece a aparecer y te quedes bloqueada.

Cosas que puedes tener en tu farmacia de guardia: una canción que te incite a moverte y que te entusiasme, un autoabrazo acompañado de un “Te quiero mucho” y seguido de un beso, un pañuelo impregnado de un olor que te proporcione buenas vibras (colonia, aceite esencial…), una fotografía que te lleve a un momento muy feliz de tu vida y un par de caramelos de aquellos que te trasladen a un instante precioso.

Es interesante tener varios recursos que incidan en los sentidos: una canción para el sentido auditivo, un abrazo y un beso para el tacto, un olor para el olfato, una fotografía para la vista y unos caramelos para el gusto.

Esto es todo por hoy.

Te mando un fuerte abrazo y hasta el próximo artículo.

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