«Haz tu trabajo con todo tu corazón y tendrás éxito. Hay muy poca competencia.»

Elbert Hubbard

Conectar con tu corazón es conectar con la creatividad.

Cuando conectas con tu corazón, cuentas con todos los recursos que necesitas para hacer bien tu trabajo y tener éxito.

Esto me ha hecho recordar una historia que leí una vez por internet y que dice así:

Cuentan que un día un inspector fue a visitar una escuela. Durante su visita se encontró con una situación que lo dejó atónito, ya que la profesora de una clase estaba agachada y escondida detrás de su mesa mientras los alumnos estaban haciendo un gran alboroto.

El inspector entró y se presentó a la desesperada maestra. Le preguntó que qué le pasaba.

Y la profesora le explicó:

– Me siento abatida, señor. Ya no sé qué hacer con mis alumnos. A estas alturas del curso, todavía no he recibido el material didáctico que necesito para seguir adelante con el curso.

Entonces, el inspector, que llevaba la docencia en su corazón, vio un corcho en el escritorio de la maestra. Lo tomó y con aplomo se dirigió a los alumnos. Les preguntó:

– ¿Alguien me puede decir qué es esto que tengo en mi mano?

Los alumnos lo miraron entre sorprendidos y divertidos, y respondieron:

– Es un corcho, señor.

Muy bien. ¿Sabéis de dónde sale el corcho?

– ¡De una botella! ¡De una máquina! ¡Del alcornoque! ¡Del tronco de un árbol! ¡Del bosque! etc. –Todos los alumnos se animaron a participar cada vez más entusiasmados.

El inspector, contagiado por esa pasión, dijo: 

¿Y qué podemos hacer con la madera?

– ¡Una mesa!, ¡Una guitarra!, ¡Una silla!, ¡Una puerta!, ¡Un barco! Etc.

– ¡Fantástico! Me quedo con el barco. ¿Quién se atreve a dibujar un barco? ¿Quién quiere dibujar un mapa en la pizarra y hacer un puerto para nuestro barco? ¿Dónde está este puerto? ¿En qué país? ¿En qué ciudad? ¿Qué personajes nacieron allí? ¿Alguien nos podría cantar una canción típica de ese sitio?

Y en el aula se creó un clima de entusiasmo y complicidad pegadizos. El hombre aprovechó para hablar de historia, música, literatura, cultura general, etc.  

La joven maestra se quedó con la boca abierta.

Al despedirse del inspector le dio la gracias y le dijo que nunca olvidaría la lección que había aprendido de él.

Unos meses después el inspector volvió a la escuela y fue directamente al aula de la maestra. Pero la encontró de nuevo acurrucada detrás de su mesa, y otra vez estaban los alumnos armando un gran alboroto.

¡Buenos días! ¿Se acuerda de mi? ¿Qué ha pasado?

– ¡Hola, señor inspector! Gracias por haber venido de nuevo. ¡Claro que me acuerdo de usted! Quiero decirle que no encuentro el corcho que usted usó, ¿se acuerda dónde lo dejó?

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