Este cuento viene de China para hablarnos de la aceptación y de que todo cambia.

El presente es ahora mismo. No ayer. No mañana.
Sabiendo que todo pasa, que todo cambia, ¿dónde está la suerte o la desgracia?

En un pueblo remoto de China vivía un niño cuya familia era pobre. Lo que más deseaba ese niño era tener un caballo, pero no tenían dinero para comprar uno.

Un día, estando el niño sentado a la puerta de su casa, vio pasar a una manada de caballos. Se fijó en que había un potrillo al que le costaba mucho seguir a la manada. El dueño de los caballos, que era conocedor del deseo del niño, le preguntó si quería el potrillo. El niño, infinitamente feliz, aceptó rápidamente.

Un vecino, al enterarse, le dijo al padre del niño:

  • ¡Qué suerte tiene su hijo!
  • ¿Por qué? -respondió el padre.
  • Pues porque su hijo quería un caballo, pasa una manada y el dueño le regala un potro.
  • Puede ser una suerte o una desgracia.

El niño cuidó el potro con sumo esmero y cariño, convirtiéndose en un bello caballo. Pero un día el caballo huyó y el vecino le dijo a su padre:

  • ¡Su hijo no tiene suerte!
  • ¿Por qué?
  • Le regalan un potrillo, cuida de él, y cuando crece, huye.
  • Puede ser una suerte o una desgracia.

Pasados unos pocos años, el caballo regresó con una manada salvaje entera. El entonces niño, ya era un muchacho y consiguió cercarlos a todos: era el feliz dueño de una manada de caballos. Entonces el vecino le dijo a su padre:

  • ¡Su hijo tiene mucha suerte!
  • ¿Por qué?
  • Le regalan un potro, después de criarlo huye, y luego vuelve con una manada de caballos.
  • Puede ser una suerte o una desgracia.

Mientras el joven domaba a uno de los caballos, cayó y se rompió una pierna. En seguida vino el vecino a decirle a su padre:

  • ¡Su hijo no tiene suerte!
  • ¿Por qué?
  • Le regalan un potro, lo cría, huye, vuelve con una manada y se rompe una pierna en una doma.
  • Puede ser una suerte o una desgracia.

Días después, se declaró la guerra y todos los jóvenes fueron reclutados, menos el que estaba con la pierna rota. Y el vecino le dijo a su padre:

  • ¡Su hijo tiene mucha suerte! Gracias a su pierna rota no ha sido reclutado.
  • Puede ser una suerte o una desgracia -respondió por enésima vez el padre.

El cuento acaba diciendo:

Toda noche trae su día y todo día atrae la oscuridad. Sabiendo eso el hombre sabio no se exalta con la dicha ni se ve perturbado por la desgracia.

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