Este cuento zen nos habla de que nuestra mente nos avasalla con su “ruido” cuando salimos de nuestra zona de confort y, si la escuchamos y le hacemos caso, nos apartará de nuestras metas.

Al igual que el arquero tiene a su mente en silencio y se enfoca en su tiro, acalla tu mente y enfócate en tu meta.

Un día, un joven y presumido campeón de tiro con arco, desafió a un anciano maestro zen que era muy conocido por su habilidad como arquero. Empezó demostrando una buena técnica al acertar en el centro de la diana en su primer intento, y también en un segundo disparo. Luego le dijo al anciano maestro:

  • Dos intentos, dos aciertos en el centro. ¿Puede igualar eso?

El maestro no se perturbó. Cogió su arco, lo colgó a la espalda e invitó al joven a acompañarlo a la montaña. El joven arquero lo siguió hasta llegar a un profundo abismo, que solamente se podía cruzar haciéndolo por encima de un débil e inestable tronco que hacía las veces de puente.

El maestro, muy tranquilamente, caminó hasta el centro de ese peligroso puente, escogió y señaló un lejano árbol a modo de diana, cogió su arco y disparó una flecha. Fue un disparo limpio, directo y certero.

  • Ahora te toca a ti. Es tu turno. – dijo mientras volvía a la orilla con paso calmado, equilibrado y seguro.

El joven miraba aterrado el profundo abismo. Se sentía incapaz de caminar sobre el tronco, y mucho menos de concentrarse para apuntar al lejano árbol. Entonces, viendo el desasosiego del joven, el maestro le dijo:

  • Tienes mucha habilidad con tu arco, pero muy poca habilidad con tu mente, pues es ella quien te impide llegar siquiera a intentar el tiro.

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