El de hoy es un cuento zen que habla del ego y de los prejuicios.

¿Cómo aprender más si la taza está llena?

 

Se cuenta que un día, un prestigioso profesor que quería aprender los secretos del conocimiento Zen fue a ver a un maestro zen que era famoso por su sabiduría, prudencia y sencillez.

El maestro le invitó a entrar a su casa y le ofreció una taza de té.

Mientras el alumno del maestro preparaba el té, el profesor enumeraba los muchos conocimientos que había adquirido a lo largo de los años.

Cuando el té estuvo listo, con mucha calma, el maestro fue llenando despacio la taza de su invitado mientras seguía escuchándole hablar de sus logros. Siguió vertiendo té, y aunque la taza ya lo derramaba y todo se estaba empapando, él seguía vertiéndolo.

  • ¡Maestro! -exclamó el profesor- ¡Mi taza está llena!
  • Exacto, -contestó el maestro con parsimonia- y de la misma manera no se puede aprender más si antes no se vacía la taza. ¿Cómo vas a aprender si estás lleno de tu erudición, de tus propias opiniones y de tus ideas acerca de todo?

El profesor se sintió ofendido y, despidiéndose sólo con una inclinación de cabeza, marchó airado.

El alumno, mientras ayudaba a su maestro a limpiar el té derramado, le dijo:

  • ¡Cuánta suficiencia tiene este profesor! ¡A las personas como él debe serles muy difícil comprender la sencillez del Zen!
  • Es menos difícil que para jóvenes ambiciosos que no se han esforzado por cultivar el estudio. Al menos, los estudiosos han recorrido parte del camino y tienen algo de lo que desprenderse –le respondió el maestro refiriéndose a él.

El alumno le miró perplejo y sin saber qué decir, y el maestro siguió:

  • Evita juzgar y permanece atento.

 

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