La persona más importante de tu vida eres tú.

Cuando les digo a mis clientes y a las personas que acuden a mis conferencias que agenden una cita diaria con ellas mismas, se sorprenden y me dicen:

¿Para qué, si yo ya estoy cada día conmigo? 

Incluso las personas que viven solas comentan que ellas ya están cada día con ellas y que no les hace falta agendar ninguna cita.

Entonces, 

¿Para qué tener una cita diaria contigo?

Pues para lo que sirven las citas personales, para conocerte mejor, para dialogar contigo, para interesarte por ti, por cómo estás, cómo te ha ido el día, qué sientes, cómo te has sentido ante un suceso que hayas vivido…

¿Cómo organizar tu cita?

Reserva, como mínimo, media hora cada día en exclusiva para ti. Esto es algo muy importante, así es que nada de teléfonos, nada de tabletas ni similares.  

Prepárate tu bebida favorita: infusión, agua con limón, zumo de frutas recién preparado (si puede ser), etc. Elige la que prefieras, aunque evita bebidas azucaradas, con gas y, por supuesto, nada de alcohol.

Toma un cuaderno y un bolígrafo o cualquier otro utensilio que uses para escribir. También provéete de elementos para dibujar: lápiz, colores, rotuladores…

Busca un lugar cómodo, ya sea en tu casa o en cualquier otro espacio, lo importante es que nadie te moleste durante este rato.

¿Qué hacer durante la cita?

Esto es algo que mis clientes me preguntan a menudo y es que al principio es normal estar mucho rato mirando el cuaderno sin saber qué poner, o sin saber qué decirte. Tranquila, es normal. Tal y como ocurre en todo lo que vale la pena, se necesita un entrenamiento. No estamos acostumbradas a dialogar con nosotras, ni a interesarnos por cómo nos sentimos, qué nos pasa o cuál es nuestro mayor deseo.

Durante la cita, lo primero que te recomiendo hacer son tres o cuatro respiraciones profundas.

Intenta concentrarte en cómo el aire entra y sale de tu cuerpo, observa qué ocurre: ¿Notas cosquillas en tu nariz, tu vientre se hincha y deshincha?  Observa atentamente qué pasa en tu cuerpo. Si vienen a ti pensamientos diversos, no pasa nada; enseguida que te des cuenta, incorpora de nuevo tu atención hacia la respiración.

Tal como te he dicho antes se trata de ir entrenándote, por lo que necesitas tener mucha paciencia, amor y respeto hacia ti.

Es una cita contigo, es importante que nadie te moleste.

A continuación, inicia una conversación contigo.

Muestra interés por ti. Pregúntate qué te pasa y, algo muy importante, pídete qué puedes hacer por ti. Hazlo con mucho amor, ¿Qué puedo hacer por ti?  Hasta te recomiendo que pongas tu nombre en la pregunta. Jo lo hago así: “Janet, ¿qué puedo hacer por ti?”; es muy efectivo. 

Lo más habitual es que los primeros días no hayan respuestas, que sientas que estás haciendo tonterías, que estás perdiendo el tiempo, etc. Ignora todos estos comentarios que provienen de la vocecita-censura que tenemos pululando por nuestra mente.

Qué hacer cuando la vocecita interior te diga que estás perdiendo el tiempo y cosas similares

Ay, la vocecita. Ya hablaré de ella en mis próximos artículos. De momento te diré que cada vez que esa vocecita aparezca cuando estés en tu cita, simplemente le dices algo parecido a (es importante que lo hagas con tus propias palabras y con tu manera de expresarte habitual): “¡Vale!, pero ahora no puedo hacerte caso que estoy haciendo esto”; o, “ahora estoy haciendo otra cosa, luego hablamos”; o, “gracias, pero en estos momentos no puedo atenderte. Estoy ocupada”, etc.

Poquito a poco, esa vocecita irá desapareciendo por aburrimiento. Si no le haces caso, si no le prestas atención, se callará.

Y recuerda, todo esto es un entrenamiento, un proceso no se acostumbra a lograr en un solo día; pero te aseguro que la paciencia y la constancia tienen su recompensa.

Escribe y dibuja sin censura

Escribe cómo te sientes, qué puedes hacer para sentirte mejor en el caso que no estés bien.

No es un cuaderno literario, es TU cuaderno. Escribe como te salga, como te apetezca, como quieras. Tampoco es un libro para mandar a una escuela de arte. Dibuja, pinta, ralla… como te salga. Utiliza los colores que sientas, sin pensar. Nada de censuras. No permitas demasiadas intervenciones del intelecto.  

Conecta con tu corazón, intenta que tu respiración se una a sus latidos. Ambos ritmos en comunión. Después escribe, escribe y escribe o dibuja y escribe o dibuja, dibuja y dibuja.  

Cuando sientas que ya está, que en esa cita ya has expresado lo que necesitabas expresar, ponte una pequeña tarea que te concuerde con la respuesta a la pregunta que has hecho antes: ¿Qué puedo hacer por ti? Dedicar más tiempo a la lectura, hacerte un regalo, formarte para conseguir un cambio en tu vida, soltar relaciones que te entorpecen en tu crecimiento…

Al terminar de escribir, pon:

Nueva tarea:  Escribe aquí lo que consideres.  

Firma con un ¡GRACIAS! 

Y yo también de doy las gracias a ti por leer mi artículo. Te mando un afectuoso abrazo.

¡Hasta el próximo post!

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