Te amo y te deseo lo suficiente.

La historia de hoy habla de tener una vida llena de suficientes cosas buenas que nos sostengan y un poco de lo malo (solo lo suficiente) para que podamos apreciar las cosas buenas y el gran regalo que es la vida.

Esta historia se sitúa en un aeropuerto. Un viajero está sentado observando a la gente que hay allí mientras espera para embarcar, y se fija en una mujer mayor que despide a su hija que está a punto de coger un vuelo. Están lo suficientemente cerca de él para poder oír la conversación.

  • Te amo y te deseo lo suficiente -le dice la madre a su hija.
  • Madre, nuestra vida juntas ha sido más que suficiente. Tu amor es todo lo que he necesitado. También te deseo lo suficiente -responde la hija, abrazándola emocionadas las dos.

La madre, con enorme tristeza, ve a su hija alejarse y no puede reprimir una lágrima. Después de unos momentos se da cuenta de que el viajero la va mirando disimuladamente, se sienta a su lado y empieza una conversación:

  • ¿Alguna vez se ha despedido de alguien sabiendo que era para siempre?
  • Sí, lo he hecho. Perdone mi indiscreción, ¿por qué esta despedida es para siempre?
  • Soy mayor y mi salud es ya muy delicada, ella vive muy lejos, y seguramente ya no vuelva a verla.
  • Perdone ahora mi atrevimiento, no he podido evitar oír su conversación y estoy intrigado, ¿por qué se han despedido deseándose lo suficiente?
  • Ese es un deseo que hemos transmitido de generación en generación en mi familia -dice sonriendo- y se lo voy a recitar como mis padres solían decirlo, si me lo permite:

Te deseo el suficiente sol para mantener tu actitud brillante.

Te deseo la suficiente lluvia para apreciar más el sol.

Te deseo la suficiente felicidad para mantener tu espíritu vivo.

Te deseo el suficiente dolor para que los pequeños logros de la vida te parezcan más grandes.

Te deseo la suficiente ganancia para satisfacer tus deseos.

Te deseo la suficiente pérdida para apreciar todo lo que posees.

Te deseo suficientes bienvenidas para que puedas soportar las despedidas.

 

La anciana, triste, le dedica una sonrisa al viajero, que se ha quedado pensativo, y se despiden deseándose lo suficiente.

Dicen que se tarda un minuto en encontrar a una persona especial, una hora para apreciarla, un día para amarla y toda una vida en olvidarla.

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