“Justo cuando la oruga pensó que el mundo se estaba acabando, se convirtió en una mariposa.”
Anónimo
Sin cambio no hay crecimiento.

Aunque solo acostumbramos a ser conscientes de ello cuando volvemos la vista atrás, nuestro cuerpo físico está en evolución constante, nuestras células se renuevan totalmente a menudo; podríamos decir que vivimos un cierto desenfreno de renovación constante de casi todas nuestras células; pero, a pesar de que nuestro cuerpo se regenera en su totalidad cada ciertos años, nos cuesta mucho hacer cambios en nuestra mente, aunque sea nuestra manera de pensar y hablar las que justamente deciden cómo es y será nuestra vida.

Nos aferramos a esos pensamientos de “toda la vida” aunque muchos de ellos nos limitan y nos impiden desarrollar nuestra propia esencia.

El ejemplo del paso de oruga a mariposa se usa mucho para propiciar los procesos de cambio que necesitamos hacer las personas, porque esta metamorfosis significa pasar de estar arrastrándonos por una vida mediocre y que nos hace infelices a otra totalmente distinta, con permiso para volar y ser quienes realmente hemos venido a ser.

Los procesos de cambio nos dan miedo porque significan dejar atrás una serie de personas y circunstancias que, a pesar de que nos conducen a arrastrarnos por el suelo, nos cuesta mucho soltar. El truco está en enfocarnos en lo que vamos a ganar con este cambio, las personas y circunstancias nuevas que vamos a conocer y que nos abren las puertas a oportunidades distintas.

A todas nos dan miedo los cambios, es algo normal; por eso es tan interesante hacer una lista con todas las cosas que sentimos que dejaríamos atrás y otra con todas las que vamos a ganar.

Ahora, suelta con agradecimiento todas las cosas que has puesto en la primera lista y enfócate en la segunda.


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