Este cuento de Jorge Bucay trata del amor y de superar una pérdida.

Si tu isla se hunde, toma acción y date tiempo.

Cuentan que en una lejana isla vivían todas las emociones y sentimientos humanos: el amor, el odio, la sabiduría, el miedo, el orgullo, la vanidad, la previsión, la tristeza, la misericordia, etc.

Un día, la Sabiduría los reunió a todos porque tenía que darles una mala noticia:

  • Sabéis que nunca me equivoco. La isla se está hundiendo y debemos marchar porque dentro de poco desaparecerá totalmente. Quien no lo haga, también desaparecerá del corazón del ser humano. Así que construid botes, balsas y barcos para ir a otra isla. La Previsión y yo ya hemos construído un avión y ahora mismo volaremos hacia la isla más cercana.

La Sabiduría y la Previsión subieron al avión y volaron hacia esa isla, sin saber que llevaban al miedo como polizón.

El resto de emociones empezaron a construir embarcaciones porque ninguna quería perecer. Todas menos el Amor, porque no se veía capaz de dejar su amada isla, la isla donde tenía tantos recuerdos vividos.

El Amor fue recorriendo la isla y, mientras iba recordando tantos y tantos instantes felices, de repente, la isla se hundió más. Se asustó. ¡¿Cómo podía desaparecer el amor de la vida de las personas?!

Corrió a la bahía y vió a la Riqueza. Le pidió que le dejara subir a su lujoso barco, pero la Riqueza le dijo que no porque había tanto dinero y joyas que no quedaba ni un mínimo espacio, y marchó.

Entonces vio el yate de la Vanidad, que resplandecía de tantas luces y telas de colores como tenía, y le pidió poder subir, pero la Vanidad se negó diciéndole afearía a su embarcación porque estaba sucio y se le veía lloroso, y se fue.

Pasó cerca de él la divertida barca de la Alegría, y aunque la llamó a voz en grito, ella estaba tan contenta que ni siquiera le oyó.

Después vio pasar un barquito chiquito en el que iba la Tristeza. También le pidió auxilio, pero la Tristeza le rechazó porque se sentía tan triste que prefería estar sola, y se fue.

La isla cada vez se hundía más i más. El Amor empezó a llorar porque no quería privar al mundo de sí mismo, cuando un anciano le llamó y le subió a su bote. Los dos remaron alejándose de la isla lo más rápido que pudieron y la isla desapareció a los pocos minutos.

Al rato de remar, llegaron a la isla cercana donde ya estaban las demás emociones y sentimientos. Sacaron el bote del agua y, cuando el Amor iba a darle las gracias al anciano, no lo encontró. Había desaparecido.

El Amor buscó a la Sabiduría para que le dijera quién era el anciano que le había salvado la vida. La Sabiduría le contestó:

  • Es el Tiempo. El Tiempo te ha salvado. Porque el tiempo es el único que puede salvar al amor que sufre una pérdida.

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