“Atención. Concéntrate en tus prioridades. Dí NO a todo lo demás. La vida es corta. Solo tienes una oportunidad de ser genial”. 
Robin Sharma
Un sí puede estar cargado de noes.

Una vez, hace ya bastantes años, no entendía cómo se me desvanecía el tiempo y no me alcanzaba para hacer la mayoría de mis tareas. Así es que, durante una semana, decidí llevar un registro sobre en qué gastaba mi tiempo.

Lo anotaba todo, incluso los minutos que me podía pasar en la ducha, el baño, para peinarme, comer, etc. 

Después, clasifiqué las cosas que había hecho a lo largo de esa semana en tres grupos: 

  • las que eran imprescindibles que hiciera yo y que eran necesarias de realizar;
  • las que podía delegar a otras personas y 
  • las que eran compromisos adquiridos, pero no deseados. Eran cosas que hacía porque no había sabido decir que no. 

Así que decidí ponerme manos a la obra y hacer limpieza para poder disfrutar mucho más de mi tiempo.


Decir sí cuando quieres decir NO, es una trampa que genera ansiedad

Por ejemplo, llega el fin de semana y tú tienes ganas de echarte en el sofá de tu casa, con ropa cómoda y leyendo o simplemente sin hacer nada, y entonces recibes un mensaje de una amiga:

  • “Este sábado por la noche te invito a cenar a mi casa”.

A ti no te apetece nada ir porque tienes otros planes, pero no sabes cómo decir que no a tu amiga y aceptas la invitación: “Total, solo serán un par de horas”.

Vamos a ver si realmente son dos horas:

En primer lugar no vas a ir en pijama a cenar a casa de tu amiga, así es que necesitarás un tiempo para elegir qué vas a ponerte y otro rato más para vestirte, maquillarte y peinarte.

A menos que tu amiga viva en el mismo edificio que tú, también gastarás un tiempo en desplazamiento (ida y vuelta). 

Cuando llegues a casa necesitarás un tiempo para cambiarte de ropa y desmaquillarte.

Entre una cosa y otra, las dos horas se han transformado en el doble, o sea, has utilizado cuatro horas de tu valioso tiempo en hacer algo que no te apetecía nada. Simplemente aceptaste ir a la cena porque te supo mal decir que NO.

Cuando empezamos a decir que no ante aquellas cosas que no nos apetece hacer, vamos liberando tiempo para nosotras y entonces va desapareciendo esa sensación angustiante de no llegar a todo.

Además, si dices sí cuando quieres decir no, en cierta manera te estás “traicionando” porque haces lo contrario de lo que realmente sientes que deseas hacer.


Saber decir NO a tiempo y la autoestima

Cuando vamos aprendiendo, poco a poco, a decir que no cuando no queremos ir a algún sitio o hacer algo que no nos apetece, lo que hacemos es ponernos en primer lugar y marcar límites de autorespeto y autovaloración; algo que va a favorecer nuestra autoestima.

Si tú no te vas valorando, las demás personas tirarán de ti y acabarán absorbiendo tu tiempo, que entonces deja de ser “tuyo”.

Cuando alguien te invita a hacer algo que no te apetece, simplemente puedes decirle: 

  • Muchas gracias, pero no voy a ir. Necesito mi tiempo para estar conmigo o para descansar o para hacer esto o lo otro. 

Aprende a ponerte en primer lugar y a respetarte, así vas enseñando a las demás personas que te mereces consideración.

La mayoría de las veces decimos que sí porque queremos ser aceptadas por las demás personas, o sea, que tenemos miedo al qué pensarán de mí y a su rechazo; otras veces porque pensamos que si decimos que no podemos herir a la otra persona y preferimos herirnos a nosotras, etc.

También es de vital importancia saber decir que no en el trabajo. Ya sé que algunas personas me dirán que esto puede costarte el empleo; pero de verdad, si siempre dices que sí a todo, en poco tiempo te verás ahogada por una sobrecarga de trabajo insostenible. Como todo en la vida, es imprescindible mantener un equilibrio.

Aprender el equilibrio entre decir que sí y decir que no, también es cuestión de práctica. Ponte siempre en primer lugar y toma la decisión pensando con el corazón. Pregúntate por quién tomas la decisión y qué es lo que realmente sientes que deseas hacer.

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