“Nunca es demasiado tarde para ser lo que podrías haber sido.”
George Elliot
Rompe tus creencias sobre la edad y las de «ya no estoy a tiempo».

La historia está llena de personas que han conseguido convertir sus sueños y sus proyectos en realidad a edades que otras ya han decidido que era el momento de retirarse: a los 70, 80 e incluso 90 años. Piensa que si ellas lo lograron, tú y yo también podemos.

Te propongo que no utilices más la edad como excusa para no realizar algo que deseas hacer.

Ya he comentado en otros artículos la enorme influencia que tienen nuestros pensamientos y nuestras palabras en nuestra vida; si creemos que nos estamos haciendo mayores y que nuestro tiempo se acaba o que ya estamos de vuelta de todo, pues eso es lo que acabaremos creyendo y materializando en nuestra vida.

Así es que ya es hora de empezar a cambiar estos pensamientos y creencias tan limitantes, por otros de poder.


Empieza ahora, estés dónde estés y sea cual sea tu situación.

Si te encuentras en un punto en el que piensas que tienes una edad en la que ya deberías haber logrado algo y sientes que ya no podrás conseguirlo, esto no tiene porqué ser cierto, ya que estos pensamientos no son más que creencias y los pensamientos y las creencias se pueden cambiar en cualquier momento. Las creencias forman parte de una cultura, de una época, de una tradición, etc. pero no son la realidad. 

El primer paso es que te olvides de tu edad y te enfoques en tu proyecto, en tu sueño.

¿Cuál es tu gran meta? ¿Cómo puedes dividirla en petitas acciones diarias? ¿Qué puedes hacer ahora mismo para empezar? ¿Quién te va a acompañar en tu camino? ¿Cómo te sentirás cuando logres alcanzar tu meta?

Enfócate en la llegada a la cima, y olvídate de todo lo demás. Hazlo con entusiasmo, porque la pasión es el gran motor para avanzar.


Tú has creado tus miedos, tú puedes convertirlos en humo.

Las creencias limitantes que hemos aprendido desde el momento de nacer, construyen nuestros miedos de adultos.

Una niña, cuando empieza a explorar el mundo que la rodea, no tiene miedo a nada; cuando eras pequeña intentabas hacer las cosas una y otra vez. No te decías internamente: “¡Huy, esto no lo voy a probar porque todavía no sé andar o no sé moverme con soltura!”. Hasta que empezaste a oír la expresión de los miedos de tus personas de referencia: “¡Ay! ¡Ni se te ocurra subirte allí! ¿No te das cuenta que si lo haces te vas a caer y te harás mucho daño?” Y a fuerza de oír una y otra vez estas expresiones, se empezaron a grabar en tu cerebro. Recibiste muchísimas creencias limitantes en tu niñez y ahora, cuando intentas hacer cosas nuevas o vas a atreverte a algo, estos mensajes aparecen en forma de vocecita limitante que te dice: “¡Ni se te ocurra hacer esto a tu edad! ¡Qué vergüenza! ¡Eres demasiado mayor!” y cosas similares.

Estos mensajes yo los veo como frenar de golpe cuando vas por la autopista conduciendo. Algo que te para en seco peligrosamente.

Cada vez que uno de estos miedos limitantes aparece en mi mente, siempre le digo lo mismo: “Muchas gracias por avisarme, pero ¿sabes qué? Lo voy a intentar y si me equivoco, no  te preocupes, estoy dispuesta a aprender la lección”.

No digo que sea fácil, lo que sí digo (por experiencia propia) es que, a base de insistir e insistir en este tipo de diálogo, esa vocecita empieza a aburrirse y cada vez es menos machacona.

Te invito a que lo intentes y a que te lances a realizar tus sueños y convertirlos en realidad. Puedes lograrlo porque son tus sueños, pero incluso si no lo consigues, habrás aprendido de ello.


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