El cuento de hoy habla de que cada uno ve lo que quiere ver, según lo ame o lo tema.

Realmente, ¿qué vemos en el espejo?

 

Un campesino, que fue a la ciudad a vender su cosecha, vio un objeto que le llamó mucho la atención y lo compró: era un espejo. Él nunca había visto ninguno, ni sabía lo que era, pero al mirarlo vio la cara de su ya desaparecido padre, al que añoraba muchísimo, pero cuando era joven.

Cuando llegó a su casa no le dijo nada a su mujer y guardó el espejo dentro de un cofre que escondió en el desván.

Cuando estaba triste o necesitaba consuelo, se refugiaba en el desván para “ver a su padre”.

Un día, la esposa, intrigada, esperó a que marchara su marido y buscó dentro del cofre aquel objeto que tan absorto le tenía. Para su sorpresa, vio que él guardaba a otra mujer dentro del cofre.

Cuando el hombre llegó, hubo una gran discusión entre los dos: ella decía que había otra mujer dentro del cofre y él afirmaba que era su padre quien había ahí dentro.

El griterío era tal que un monje que por allí pasaba se acercó a ver qué ocurría. Le invitaron a entrar, le explicaron la situación y le preguntaron que a quién veía dentro del cofre. Él lo abrió y miró dentro, directamente al espejo, y respondió:

  • Aquí dentro hay un monje zen.

 

Ante lo desconocido, cada uno ve lo que quiere ver: el campesino a su padre, la esposa teme una infidelidad y el monje a otro monje, a una persona con su misma espiritualidad.

 

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