El cuento de hoy habla de nuestra vida, de lo que es importante y de lo que no lo es.

Si la maleta simboliza nuestra vida, dentro hay momentos.

Se cuenta que un día un hombre murió y Dios lo acogió para llevarle al cielo diciéndole:

  • Ven, hijo mío, es hora de partir.
  • ¿Tan pronto? Todavía tengo muchos planes…
  • Lo siento, pero ha llegado tu momento de marchar de aquí.
  • Bueno… Voy a por mi maleta.
  • ¿Tu maleta?
  • Sí, en ella pondré mis pertenencias, mis cosas, mi ropa, mi dinero.
  • ¿Pertenencias? Nunca te pertenecieron, eran de la tierra.
  • Pues mis recuerdos.
  • Tampoco te pertenecieron, eran del tiempo.
  • ¿Y mis talentos?
  • No eran tuyos, eran de las circunstancias.
  • ¿Mis familiares y amistades?
  • Tampoco te pertenecieron, eran del camino.
  • ¿Ni siquiera mi esposa y mis hijos?
  • No, ellos eran de tu corazón.
  • ¿Y mi cuerpo?
  • Nunca te perteneció, tu cuerpo era del polvo.
  • Seguro que mi alma sí.
  • Pues tampoco, esa es mía.

Entonces, mirando su maleta vacía, el hombre se sintió abrumado, desvalido y asustado, y con lágrimas en los ojos preguntó:

  • Nunca tuve nada, ¿verdad?
  • Exacto. Así es. Cada uno de los momentos que viviste, sí fueron tuyos. Tu vida han sido momentos únicamente tuyos. Por eso hay que disfrutar la vida en su totalidad. Y mientras vives, nada de lo que crees que te pertenece debe detenerte. ¡Hay que vivir cada instante! ¡Vivir tu vida! No hay que olvidarse de SER FELIZ, porque es lo único que realmente vale la pena. Las cosas materiales y todo lo demás por lo que has luchado se quedan aquí. No te llevas nada.

Así que, si la vida es tiempo, si son momentos uno detrás de otro, aprovechemos todos nuestros momentos.

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