“El optimista ve el dónut, el pesimista ve el agujero.”

Oscar Wilde

Tener una posición positiva ante la vida nos ayuda a encontrar una solucicón más adecuada a los problemas.

No siempre los extremos pueden resultar negativos, como por ejemplo, mejor estar en el extremo de la paz que en un equilibrio entre la violencia y la paz.

También, a la mayoría de las personas nos gusta disfrutar del trabajo de personas que se encuentran en el extremo de la excelencia, ya sea en el campo de la medicina, el deporte, el arte… como en las relaciones profesionales que podamos mantener con otras personas.


Ley de polaridad.

Una de las 7 leyes que gobiernan el universo y que encontramos descritas en el libro Kybalion es el principio de polaridad y que dice así:

“Todo lo manifestado posee dos polos. Todo par tiene su opuesto. Los opuestos solo difieren en grado. El Sabio sabe que todos los extremos se tocan y que los pares de opuestos no son antagónicos, sino complementarios”.

O sea, que todo tiene su polo negativo y su polo positivo. El uno no puede existir sin el otro. Para que podamos conocer el optimismo, necesitamos saber que el pesimismo existe. Uno no puede existir sin el otro; lo mismo ocurre con la luz y la oscuridad, la noche y el día, el ruido y el silencio y un largo etcétera más.


El pensamiento positivo.

A pesar de lo dicho anteriormente, para mí el ideal es tener una posición positiva ante la vida porque ésta ayuda a ver las dificultades que nos presenta la vida de una manera abierta, algo que nos permite encontrar la salida más adecuada a los problemas.

Cuando vemos la vida desde el optimismo podemos dar la vuelta a las dificultades, incluso reírnos de ellas y tener una actitud más transgresora, cosa que facilita el mantener un equilibrio para abrirnos a las opciones que tenemos para salir del embrollo en que nos podamos encontrar.

Con el pensamiento negativo, nuestro cerebro nos manda mensajes de “estoy acabada”, “esto va salir mal”, “seguro que suspendo”, “todo lo malo me pasa a mí”, etc.

Con la práctica del pensamiento positivo vamos cambiando esta perspectiva y nos decimos cosas como: “¡A ver quién me puede ayudar!”, “¿A dónde voy  dirigirme para que me ayuden?”, “¿Qué puedo hacer hoy para salir del pozo? ¿Y mañana? ¿Y los siguientes días?”, etc.

Este tipo de preguntas lo que consiguen es que nuestra mente se ponga a trabajar en nuestro auxilio.

Así es que si yo tengo que elegir una opción, me quedo con el pensamiento positivo. Hace años estaba muy anclada en el pensamiento negativo y casi todo en mi vida estaba mal, a la vez que empeoraba; cuando decidí darle la vuelta y cultivar el pensamiento positivo, toda mi vida empezó a transformarse de manera extraordinaria.

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