Hoy quiero hablar de esta frase de Albert Einstein que descubrí hace unos años, pero que me costó mucho entender.

Ahora, con la práctica del Ho’oponopono (te invito a leer mi artículo “La práctica del Ho’oponopono me sacó del pozo”) entiendo algo más sobre lo que Einstein nos quería decir con esta frase.


Mente intelectual versus mente emocional.

La primera es la que cree que toma las decisiones, la que piensa que lo sabe todo pero, en realidad, tiene grandes limitaciones.

La mente intelectual (situada en el hemisferio izquierdo del cerebro) se ocupa del 5% de nuestras conductas y decisiones, frente al 95% restante de la emocional (que se encuentra en el hemisferio derecho de nuestro cerebro). Esto es algo que las personas que se dedican a la publicidad saben muy bien; saben, por ejemplo, que la mayoría de las decisiones de compra las tomamos desde el hemisferio derecho de nuestro cerebro, es decir, que adquirimos productos y servicios movidas por la parte más emocional de nuestro cerebro antes que por la intelectual; aunque muchas veces intentamos justificar esa compra con un “es que lo necesitaba” o “me hacía mucha falta”.

Antes de seguir, me gustaría hacer un pequeño inciso: en el hemisferio izquierdo de nuestro cerebro se encuentra todo lo referente al lenguaje, al raciocinio, a lo científico, etc. y en el derecho se encuentra lo referente a la creatividad y nuestra parte artística, las emociones y la intuición, entre otras cosas relacionadas.

Pues bien, es la mente intelectual la que nos genera los problemas y el malestar. Es la que emite juicios, críticas y la encargada de activar la vocecita que nos manda mensajes limitantes y de censura; mientras que la emocional, es la que nos puede aportar la paz interior y una nueva visión de las diversas situaciones que vivimos.

Lo ideal sería que ambos hemisferios fueran siempre a una, como un gran equipo, y una parte no dominara sobre la otra en equilibrio, pero, la mayoría de las veces no es así.

Lo ideal sería llegar a un equilibrio entre la mente intelectual y la emocional.

Lo que ocurre es que todavía creemos que debemos tomar decisiones y buscar soluciones desde el intelecto y no desde la intuición. Todavía no confiamos lo suficiente en todas nuestras infinitas posibilidades y queremos resolverlo todo intelectualmente y, hay cosas que sí, que nos interesa gestionarlas desde el intelecto (cuando tenemos que hacer cálculos o redactar algún documento oficial, etc), pero las cosas nos irían mejor si nos permitiéramos confiar en nuestra intuición y en nuestra mente emocional.

Además, si toda la vida has tomado decisiones desde el intelecto y las cosas no van como te gustaría, ¿por qué no probar a cambiar de lado a ver si así todo nos empieza a funcionar mejor o más acorde con nuestros valores?


Aprender a confiar en la vida.

Algo que le cuesta muchísimo a nuestra mente intelectual es soltar los problemas y dejarlos en manos de nuestra mente emocional, porque siempre quiere llevar ella el timón de nuestra vida. Y esto nos acaba aportando más problemas y más situaciones de preocupación.

Llegadas a este punto me gustaría aclarar algo. Que yo no esté dándole vueltas y más vueltas a un problema, no significa para nada que finja que no está y que lo esconda bajo la alfombra.

Cuando me refiero a soltar un problema, reconozco en primer lugar que está aquí, a mi lado y que incluso yo realizo un pequeño juego simbólico. Le doy forma a este problema, me lo imagino a mi manera, y luego le “miro a los ojos” y le digo: “No me gustas nada de nada, pero estás aquí y te doy las gracias por estar delante mío; “porque si estás ante mí quiere decir que tengo que trabajar en mí aquello que te ha traído a mi vida; así es que GRACIAS por ayudarme a mejorar”.


Cede el timón a tu hemisferio derecho (el emocional).

Cuando tengas un problema y no sepas cómo solucionarlo o estás dándole demasiadas vueltas, no sigas por ahí porque estarás buscando la solución en el lado equivocado del cerebro.

Te invito a que la próxima vez que sientas que tienes un problema, realices tres respiraciones profundas y lo entregues a tu parte emocional, la de las intuiciones. Con algo de entrenamiento, aprenderás a escuchar más esta parte sabia de ti.

Yo, cuando lo hago, digo esto mirando al cielo (para hablar más directamente con el Universo, la Fuente de Luz, Dios…) y sonriendo digo: “¡Vale, desde mi parte humana ya he hecho todo lo que podía y más,ahora te toca a ti!” y entonces, procuro sentirme liberada.

Una vez más te recordaré que todo es un proceso.


Muchas gracias por leerme.

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