“Las dificultades reales pueden superarse. Son solamente las imaginarias las que son inconquistables.”
Theodore N. Vail
No permitas que los miedos limitantes gobiernen tu vida.

Cada vez tenemos más claro que las limitaciones que tenemos se encuentran en nuestra mente, en el parloteo con el que nos machaca cada vez que nos ilusionamos en hacer algo que se sale de lo que llevamos haciendo “toda la vida”, porque esto es lo que le resulta cómodo al ego, a nuestra mente intelectual y nos manda mensajes limitantes en un equivocado instinto protector.

Nuestra mente intelectual nos resulta muy útil para estructurar nuestro lenguaje, para razonamientos lógicos, la lectoescritura, etc., pero está limitado a lo que ya conoce y a las experiencias del pasado y se encuentra en el hemisferio izquierdo de nuestro cerebro. Es esa parte la que nos “habla” con mensajes de miedo limitantes porque tiene pavor a lo nuevo, a lo desconocido; en cambio, nuestra mente creativa, la que sabe que tenemos un poder ilimitado y que podemos llegar a dónde nos propongamos, es la que se encuentra en el hemisferio derecho.

¿Te acuerdas cuando mirabas los dibujos animados y un personaje tenía que tomar una decisión y aparecían, encima de sus hombros, dos copias en miniatura de ese mismo personaje; una iba vestida de ángel y la otra de demonio? Una le hablaba de hacer las cosas de una manera y la otra de hacer todo lo contrario.

Algo parecido pasa con tu mente. Hay una parte que te censura y te limita y la otra que te empuja a dar pasos fuera de tu zona de confort.

Lo ideal es siempre encontrar un equilibrio entre las dos. Todas las personas nacemos con un potencial ilimitado y es importante que lo tengamos cada día más asumido; pero también es verdad que necesitamos esa otra parte que nos permite hablar, leer, escribir… en una palabra, comunicarnos.

El problema surge cuando los mensajes limitantes son insistentes porque nos cuesta muy poco creerlos y consiguen que esa ilusión que teníamos al principio de hacer algo, se desvanezca como si fuera humo.

Te invito a que te entrenes para evitar que tu mente te llene de mensajes limitantes; yo le digo a mi mente algo así: “Muchas gracias por quererme proteger, pero no te preocupes, soy una persona adulta y voy a dar ese paso (o voy a hacer esto o lo otro)”. Es importante que le des las gracias a tu mente porque ella quiere protegerte de “peligros” que ya viviste en tu infancia y teme que se vuelvan a repetir. De ahí que le digas que “ahora eres una persona adulta” porque como tal ya no necesitas ese tipo de tramposa protección.


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