Este cuento corto de Jorge Bucay nos invita a reflexionar sobre resolver nuestros conflictos del pasado para poder tener paz interior en nuestro presente.

Los problemas no resueltos del pasado nos pesan en el presente y coartan nuestro futuro.

Cuenta Bucay que dos monjes zen (uno joven y otro anciano) andaban de regreso a su monasterio y en su camino debían cruzar un río. Cuando se aproximaron para cruzarlo oyeron los sollozos de una hermosa joven arrodillada en la orilla. El anciano monje le preguntó:

  • ¿Por qué lloras? ¿Qué te pasa?
  • Me han avisado que mi madre está muy enferma, le llevo algunas cosas para cuidarla, vive al otro lado del río, y no puedo cruzarlo. Lo he intentado, pero soy muy delgada y la corriente me lleva. ¿Me podéis ayudar a cruzarlo? -les pidió la chica.
  • Lo sentimos mucho, pero no podemos -respondió el monje joven-. Nuestros votos de castidad no nos permiten tener contacto alguno con ninguna mujer.
  • Sube sobre mis hombros -dijo el anciano monje-. Coge tus cosas que yo te llevaré.

Y así lo hicieron. Al llegar a la otra orilla, la joven agradeció al monje su ayuda y quiso besarle las manos, a lo que él rehusó cortesmente diciendo que no hacía falta, y siguieron su camino.

Estubieron andando en silencio un par de horas y cuando ya se acercaban al monasterio el joven monje preguntó al monje anciano:

  • ¿Por qué, maestro, aun sabiendo nuestros votos, habéis llevado a esa mujer sobre vuestros hombros?
  • Es cierto que yo la llevé, pero, ¿qué te pasa a ti que todavía la cargas sobre tus hombros?

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