Una afirmación es aquello que te han dicho un montón de veces y de manera constante a lo largo de la primera etapa de tu vida y que luego, cuando ya eres una persona adulta, continuas repitiéndote una y otra vez.

Normalmente, este tipo de afirmaciones acostumbran a tener una fuerza bastante negativa; nos censuran, nos dicen que no valemos lo suficiente para hacer esto o lo otro (sin ni siquiera darnos la opción de intentarlo), en definitiva, tienen el poder de condicionar nuestra vida.

Estas afirmaciones las estamos “oyendo” dentro de nuestra mente desde que tenemos uso de razón (o incluso antes, aunque sea refiriéndose a otras personas) y las tenemos tan incrustadas que creemos que son verdad, sin cuestionarnos ni un instante su veracidad.

Las afirmaciones de nuestra mente, condicionan nuestra vida.
Las afirmaciones que se encuentran en tu mente, condicionan tu vida

Por eso es tan importante pensar, escribir y repetir afirmaciones de poder cada vez que te descubras con pensamientos limitantes sobre algo. 

Te pondré algunos ejemplos sobre afirmaciones negativas y su versión en positivo.

Afirmaciones negativas (aquí hay dos):

  • En esta época del año me resfrío como mínimo dos veces y cuando me ocurre me cuesta un montón recuperarme

Afirmaciones positivas:

  • A partir de este año me cuidaré más y será difícil que me resfríe y si pillo algún resfriado, será leve y lo superaré fácilmente.

Afirmación negativa:

  • Mi físico ya no es interesante. Conforme envejecemos, el cuerpo pierde atractivo.

Afirmación positiva:

  • Yo amo mi cuerpo. Suelto la necesidad de criticarlo y la dependencia de aprobación de las personas que me rodean.

Afirmación negativa:

  • Soy un desastre. Todo me sale mal.

Afirmación positiva:

  • Cada vez que me equivoco, aprendo. Poco a poco lo hago todo mejor y mejor.

Y podría seguir páginas y páginas con numerosos ejemplos. Si no sabes cómo transformar una afirmación negativa que tengas instaurada en tu vida, puedes escribirme y te ayudaré a encontrar la positiva.

Si yo, por ejemplo, creo que soy un desastre y que todo me sale mal, lo que va a ocurrir en mi vida es que cada vez que quiera hacer algo estaré muy enfocada en que “todo me sale mal” y mi mente, para ser coherente con mis creencias, hará que salga mal. En el momento en que yo decido no creerme esta afirmación y ver que tiene su polo opuesto, me estoy abriendo a la opción de hacer las cosas cada día mejor y mejor porque viviré los errores que cometa no “como si yo fuera un desastre”, sino como que soy una persona que está aprendiendo y que este aprendizaje necesita de un proceso en el que las equivocaciones forman parte de él.


Pasos para cambiar tus afirmaciones negativas por positivas.

Detectar las afirmaciones negativas y encontrar su polo opuesto, es decir, las positivas, es tan solo el primer paso, muy importante, pero, necesita de continuidad. 

Cuando reconoces una afirmación negativa y la reconstruyes positivamente has sembrado una semilla y como tal, necesita unos cuidados para poder germinar y crecer hasta ser una planta fuerte y productiva.

Primer paso: Detectar las afirmaciones negativas implantadas en tu mente.

Las afirmaciones o creencias negativas que tienes instaladas en tu mente las detectarás porque son limitantes, tienen adverbios totalitarios como “nunca”, “siempre”, “todo”, etc. Por ejemplo: “Todo me sale mal”, “siempre me ocurre a mi”, etc.

Es necesario transformar la afirmación negativa en positiva.

Segundo paso: Escribir la afirmación en positivo.

Te recomiendo que tengas una libreta exclusiva para las afirmaciones y escribas allí solo la versión en positivo de las mismas.

Escribe cada día entre 5 y 10 veces cada afirmación. A mí me gusta poner la fecha antes de escribir, esto me ayuda a ser constante. Puedes escribir varias veces al día o una sola vez, como mejor te vaya. Siempre que escribas pon la máxima atención y procura hacer muy buena letra. Esto te ayudará a concentrarte en tu escritura.

He hablado en singular porque yo trabajo una afirmación cada vez. Hay personas que escriben más de una. Te recomiendo que pruebes lo que te vaya mejor a ti, pero si eliges probar con más de una, hazlo con un máximo de 5 a la vez. 

Tercer paso: Llévala siempre contigo.

En una cartulina tamaño tarjeta, escribe la afirmación. Hazla bonita, decórala con colores, pegatinas… y mírala tantas veces como puedas.

Yo tengo una puesta en mi ordenador portátil porque lo utilizo mucho y así, cada vez que lo abro, veo mi afirmación.

Cuarto paso (opcional, pero muy efectivo): Graba la afirmación varias veces.

Graba la afirmación durante 10 minutos seguidos y tenla siempre a mano, yo la tengo en mi teléfono. Cuando lo hagas, di tu nombre cada vez; por ejemplo, en mi caso diría: “yo, Janet, poco a poco lo hago todo mejor y mejor”.

Luego la escuchas mientras te quedas dormida y en el momento justo de despertarte. 

Estos son los dos momentos del día en los que tu mente es más influenciable. Hacer esto cada día permite afianzar con más fuerza la afirmación positiva.

Quinto paso: No te detengas hasta tenerla implantada en tu mente.

¿Te acuerdas que te he dicho que esto es como sembrar una semilla? ¿Verdad que si ahora siembras una semilla no pensarás que mañana ya empezará a brotar? Estoy segura que si lo haces y ves que en un día, dos, tres… no ocurre nada, continuarás cuidando y regando ese trozo de tierra en el que has sembrado la semilla y lo harás hasta que empieces a ver el primer brote y seguirás cuidando esa planta que en un principio es incipiente porque sabes que si la vas regando un poco cada día, si le pones abono, si la mimas… terminará siendo una planta preciosa.

Cuando sembramos una afirmación nos interesa tener el mismo comportamiento. Cuidarla y repetirla sin cesar hasta que ya esté implantada en nuestra mente. Cuando esto ocurre, es el momento en el que empezamos a vivir cambios positivos en nuestra vida. Llegan a base de nuestra perseverancia y constancia.

Y el ciclo continúa. Cuando ya sentimos que tenemos una afirmación positiva instaurada en nuestra mente, vamos a por otra y así sin parar. Como dice la voz popular: “sin prisa pero sin pausa”.


Muchas gracias por leerme. Hasta el próximo artículo.

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