El arte de la paciencia.

 

Este cuento zen trata del arte de ejecitar la paciencia.

El cuento habla de dos grandes amigos cuya amistad se remonta a la infancia. Uno de ellos, que era mandarín, recibió la propuesta de ocupar un alto cargo oficial. Entonces fue a casa de su amigo a darle la importante noticia.

Que me hayan ofrecido este cargo me llena de orgullo, pero me siento angustiado ante semejante responsabilidad -dijo el mandarín.

Te conozco hace mucho y sé que lo harás bien. Solamente te hago una recomendación, que seas paciente; es muy importante que cultives el arte de la paciencia -le comentó su amigo.

Así lo haré, cultivaré la paciencia.

 

Siguieron hablando y al poco rato su amigo insistió:

Nunca dejes de ser paciente, se te plantee la situación que se te plantee, es de suma importancia tener paciencia.

Sí, lo he entendio y lo voy a hacer.

 

Y otro rato más tarde, su amigo volvió a comentar:

No te olvides de ejercitar el arte de la paciencia, si eres paciente podrás tomar buenas decisiones.

¡Ya me lo has dicho muchas veces! ¿Te crees que no lo he entendido? ¡No me lo digas más! -contestó el mandarín muy airado.

Estás muy enfadado, amigo mío. Me gusta comprobar cómo te ejercitas en el arte de la paciencia -dijo su amigo con una sonrisa en la cara.

– ¡Ah! Me has puesto a prueba, amigo mío. Es difícil ser paciente -constestó avergonzado. Y se abrazaron afectuosamente.

 

Esta lección nunca fue olvidada por el mandarín, y gracias a su ejercicio de la paciencia nunca actuó precipitadamente y ocupó el cargo con sabiduría, ecuanimidad y amor.

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