¿Quién es la niña interior?

La niña interior es una representación de nuestra parte más vulnerable a nivel emocional.

Es ese espacio en el que tenemos guardadas en estado latente nuestras emociones y nuestros sentimientos no resueltos de nuestra niñez; por lo que es una parte antigua de nosotras.

Allí se encuentran guardadas todas esas cosas que nos sucedieron de pequeñas, tanto de las que somos conscientes como de las que no; y es de todas estas experiencias de lo que nos ha ido sucediendo en nuestra infancia que vamos construyendo nuestra vida adulta.

Las experiencias emocionales no expresadas nos pasan factura.
Las experiencias emocionales no expresadas nos pasan factura.

Todas ellas nos marcan cómo vamos viviendo y cómo hacemos frente a las diversas situaciones que se nos presentan a lo largo de nuestra vida, porque cada una de estas experiencias han dejado una huella en nosotras (evidentemente unas más que otras). La profundidad de la misma dependerá de cómo lo hayamos vivido en nuestra infancia a nivel emocional y de si son experiencias que se nos han quedado enquistadas dentro o las hemos podido exteriorizar y el problema surge cuando se manifiestan de manera descontrolada en el momento más impensado. 

Tanto puedo sentirme muy triste sin tener un motivo aparente como puedo enfadarme desmesuradamente por algo que cualquier persona adulta podría decirme que no había para tanto.

Estas reacciones no son más que las manifestaciones de nuestra niña interior herida que en ese momento toma el control de mis emociones.

En nuestra mente tenemos un montón de personajes pululando.

Pues eso, en nuestra mente hay muchos personajes viviendo dentro de ella. Cada uno de ellos tiene un rol determinado y en cada momento distinto de nuestra vida hay uno al mando; en función del que esté al mando, tomaremos unas decisiones u otras.

Por ejemplo, tenemos al personaje miedoso; es ese que no nos deja hacer nada que salga de las cosas habituales que hacemos porque siempre tiene miedo a que nos hagamos daño o a que alguien se burle de nosotras o a que nos salgan las cosas mal, y cuando este personaje toma el control nos limita y nos impide avanzar en nuestro crecimiento personal.

O el personaje censurador que nos riñe cuando considera que no hacemos algo bien o que no hemos dado la talla en algo, siempre según su criterio.

Hay personajes que podemos reconocer y por lo tanto controlar, pero hay otros que demasiadas veces toman el mando de nuestras decisiones y que no somos conscientes de ello.

Los personajes que habitan en nuestra mente se han ido creando a partir de las experiencias vividas, principalmente en nuestra etapa infantil (hasta los 7 años aproximadamente).

El problema lo tenemos cuando uno de estos personajes se pone al mando de nuestra vida o, como he dicho antes, de nuestra toma de decisiones porque, de hecho, estos personajes son una representación de nuestra niña herida que lo que hace con ellos es revivir una y otra vez las veces que la han reñido, que ha pasado miedo y no ha recibido la atención que esperaba, que ha sentido vergüenza o se ha sentido humillada, que ha vivido en su propia piel situaciones que ha sentido como injustas, etc. y como lo ha pasado tan mal, utiliza estos personajes para evitarnos un sufrimiento que, ahora, en nuestra etapa adulta, sí podríamos hacer frente.

¿Quién está al mando?

El tener estos personajes descontrolados, provoca que, ante un conflicto o una decisión, sea uno de ellos el que se ponga al mando en vez de ceder el paso a nuestra “yo” adulta; es decir, quien acaba reaccionando o tomando decisiones no es más que nuestra niña herida e indefensa, algo que no nos resulta nada favorable.

Por eso es tan importante que te reconcilies con tu niña interior, porque de la buena relación que mantengas con ella dependerá que tu vida de adulta sea más madura, tomando las riendas de tu vida y actuando de manera responsable hacia ti, o bien, de manera totalmente inmadura.

Permite que tu «yo» adulta sane las heridas de tu niñez.
Permite que tu “yo” adulta sane las heridas de tu niñez.

Ahora, como persona adulta que eres puedes hacerte cargo de tu niña herida y darle todo aquello que tus padres no pudieron o no supieron darle. Puedes rellenar esos vacíos emocionales de todo lo que sufrió tu niña dedicándole mucho amor y mucho respeto.

Yo, por ejemplo, cuando era pequeña tenía mucho miedo a la oscuridad y cada noche lloraba llamando a mi mamá. En esa época mis padres consideraban que no tenían que acudir a mi llamada para no malcriarme y acostumbrarme a dormir sola. Fueron unos años muy duros para mi niña que sentía miedo y se encontraba muy sola ante el monstruo de la oscuridad.

Pues bien, esto es lo primero que traté con mi niña. Durante muchas noches, imaginaba que mi almohada era esa Janet pequeña que tenía miedo y la abrazaba y le repetía una y otra vez:

  • Janet, linda, estoy aquí para acompañarte y decirte que no tienes que tener ningún miedo. Ahora yo soy una persona adulta que puede y desea cuidar de ti. Te amo mucho, Janet. Estoy a tu lado y siempre lo estaré.

Fue una experiencia muy bonita y sanadora. Mi niña se sintió y se siente acompañada, comprendida y amada. Sabe desde su corazón que yo estoy aquí para cuidarla y amarla. Estos trabajos acaban generando un tesoro de amor hacia nosotras mismas.

Desde ahora mismo, te invito a que empieces a cuidar de tu niña herida. Ahora eres adulta y puedes estar al cargo.

Cuida la relación con tu niña interior: es la mayor riqueza que puedes darte.

Conforme más saludable sea la relación con tu niña interior, mejor será tu calidad de vida y lograrás tener mucha más paz interior porque no te tomarás las cosas tan a pecho y te tratarás con amor y respeto.

Cuando sanas la relación con tu niña interior, puedes reconectar con tu verdadera esencia y con el amor hacia ti. Esto es algo que te va a aportar una mejor relación contigo misma y con las demás personas, por lo que tendrás relaciones personales (de amistad, de pareja, etc.) saludables y maduras.

Uno de los problemas mayores que tenemos cuando hay muchas heridas de la infancia por sanar es que acostumbramos a tener relaciones tóxicas, de dependencia emocional, a causa de la falta de amor de nuestra niña que se acerca a cualquier persona que acepte estar con ella a cualquier precio.

En el próximo artículo te diré 10 maneras de sanar la relación con tu niña interior.

Muchas gracias por leerme.

Un abrazo y hasta el próximo artículo.

2 Responses

  1. Muchas gracias por este y todos los artículos que estáis publicando en este blog. Felicidades a ti y a tu amiga Rosa por este blog tan chulo.
    ¡Os sigo!
    Besos
    Ariadna

    • Muchísimas gracias de parte de las dos, Ariadna.
      Los comentarios nos animan mucho a seguir publicando.
      Besos para ti, también.

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