Un cuento de Jorge Bucay para reflexionar sobre el trabajo, pero no el trabajo como medio de ganar dinero, sino como solución a la necesidad que todos tenemos de sentirnos útiles.

¿En qué trabajo te sientes útil?

Un día, un hombre se despertó por la mañana con la sensación de haber descansado muy bien, se sentía muy ligero y el aire que respiraba era fresco y puro, pero ya no estaba en su cama. Había mucha luz, estaba rodeado de nubes blancas, y delante de él vio a un hombre vestido de blanco que lo miraba sonriendo. Entonces sospechó que había muerto y que estaba en el cielo.

  • Bienvenido -dijo el hombre vestido de blanco.
  • ¿Estoy muerto?
  • Sí, así es. Ahora sígueme.

Fueron andando entre las nubes hasta llegar a una preciosa cabaña de madera. El hombre de blanco abrió la puerta y entraron. La cabaña era muy grande pero no tenía ventanas, ni muebles, solamente era una gran habitación de cuatro paredes. No había nada, estaba totalmente vacía. El hombre de blando le dijo:

  • Este es el lugar donde vas a vivir para siempre.
  • ¡Pero no hay nada! ¿Dónde dormiré? ¿Dónde comeré? ¡No hay ni tan siquiera una ventana!
  • No te preocupes. Dime, ¿dónde te gustaría que hubiera una ventana? Piensa dónde la querrías. -En ese momento apareció una gran ventana donde el hombre la había imaginado.- Solo tienes que pensar en lo que quieres y aparecerá.
  • ¿Y si quiero que la ventana tenga vistas a las montañas?
  • Pues piensa en eso y aparecerá.
  • ¡Ah! ¡Sí! ¡Qué hermoso paisaje con montañas al fondo acaba de aparecer! ¿Y si cambio de idea? Ahora me gustaría que también hubiera un arroyo.
  • Prueba a pensarlo a ver qué pasa.
  • ¡Oooh! ¡Acaba de aparecer el arroyo! ¡Qué vista tan preciosa! ¿Puedo cambiar de paisaje todas las veces que quiera?
  • Sí, todas las veces que quieras.
  • ¿Y dormir? ¿Y comer?
  • Pues de la misma manera: imagina una cama, una mesa, sillas, comida… lo que quieras. Piénsalo y aparecerá.
  • Y después, ¿cómo lo saco de aquí?
  • Dejando de pensar en ello desaparecerá.
  • Esto es maravilloso. ¿Por qué puedo tener todo esto?
  • Es lo que te has ganado. Ahora me voy. Si me necesitas solo tienes que pensar en mí y volveré.

El hombre se pasó semanas poniendo y sacando cosas de la habitación, cambiando de música, de luces, variaba la comida tanto como quería, ponía el paisaje que le apetecía, etc. Hacía y deshacía a su antojo.

Había cambiado tantas cosas tantas veces durante tanto tiempo que un día pensó en tener una porción de tierra en una esquina de la habitación y, claro, apareció. Acto seguido pensó en una pequeña pala porque su intención era plantar un pequeño huerto sabiendo que nunca le faltaría ni sol ni agua, pero la pala no apareció. Lo intentó una y otra vez sin resultado. Luego pensó en semillas, pero tampoco aparecieron. Se concentraba mucho pero no aparecían ni la pala ni las semillas. Pensó entonces en el hombre del vestido blanco para preguntar que ocurría, y cuando apareció le dijo:

  • Algo debe estar fallando en este sistema, porque he proyectado tener un pequeño huerto para cultivar lechugas, tomates y demás, pero no aparecen ni la pala ni las semillas en las que pienso.
  • No aparecen porque eso es trabajo, y aquí no se trabaja.
  • No, no, yo no lo haré como trabajo sino como diversión, como una afición.
  • Sea por diversión o sea por afición, eso es trabajar, y aquí no se puede trabajar. Si quieres lechugas o tomates o cualquier otra fruta, hortaliza o verdura, solo tienes que pensar en ellas para tenerlas, pero no puedes trabajar para conseguirlas.
  • Pero… Pero… No poder hacer nada útil ¡es un infierno!
  • ¿Y dónde te crees que estás?

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