Una vez una mujer preguntó a Einstein que qué tenía que hacer para que sus hijos fueran más inteligentes y Einstein le respondió: «Leerles cuentos«. La mujer, riendo, le replicó: «Ya, y ¿qué tengo que hacer después de haberles leído cuentos?» Y Einstein le dijo: «Pues leerles más cuentos«.

Con este artículo, más que hablar de leer cuentos a les niñes, os quiero invitar a contarles cuentos. La diferencia radica principalmente en el hecho de que cuando narramos cuentos podemos gesticular libremente y jugar con el texto, es decir, que cuando contamos un cuento no hay que ceñirse a ningún guión, tenemos una gran libertad de palabra y de gesticulación porque no tenemos que decir el texto de manera literal como sucede en una obra de teatro o cuando leemos el cuento. Podemos expresarnos a nuestra manera y con nuestras propias palabras.

Contar un cuento son momentos de magia tanto para quien lo oye como para quien lo cuenta.

Las recompensas de explicar cuentos 

Contar cuentos a les niñes trae grandes beneficios tanto a elles como a las personas adultas que hacen de cuentacuentos por unos instantes. La recompensa más grande para mí es que, mientras explicamos cuentos, solo estamos haciendo esto porque no podemos estar haciendo nada más, es decir, cuando contamos cuentos estamos viviendo plenamente el momento presente. Eso que tanto buscamos y que, a menudo, nos parece tan complicado.

Algo que nuestres hijes valoran mucho es justamente esto, que estamos con elles en exclusiva. Habitualmente, con el ritmo de vida que llevamos, acostumbramos a aprovechar para hacer faenas domésticas mientras hablamos con nuestres hijes y esto no permite que estemos plenamente presentes y elles lo notan.

Contar cuentos nos regala un rato de comunicación y de relación potente con les niñes. Se abre una puerta de confianza en la que elles se expresan con mucha libertad, lo que nos permite conocer qué les pasa por la cabeza o que están sintiendo en esos instantes. La comunicación fluye con mucha facilidad.

Las personas adultas que dedican unos instantes diarios a contar cuentos a les niñes entran en un mundo mágico gobernado por la alegría, la risa, la complicidad y la creatividad, entre otros. Este rato, además, aporta a las personas adultas una elevadísima dosis de antiestrés potente y efectivo.


Expresando las emociones con libertad saludable.

Les niñes valoran muchísimo que las personas adultas pasen esos instantes con elles, sin corsés ni vergüenzas limitantes. Durante la hora del cuento podemos reír fuerte, cantar, bailar, saltar, hacerse abrazos, silbar, hacer onomatopeyas, etc.; pero si la historia que contamos mueve alguna emoción en le niñe, también está permitido llorar. Permitidme un inciso importante: «Por favor, persona adulta que estás leyendo este artículo, no le digas nunca a une niñe, bien, de hecho, a nadie, que no llore». Si una persona, grande o pequeña, necesita llorar es porque hay algo dentro de ella que pide expresar la tristeza que siente en esos instantes y decirle que no llore es decirle que no libere su emoción. Si une niñe llora mientras contamos un cuento, podemos detenernos un momento y sentarnos a su lado, preguntarle si le podemos abrazar y si quiere compartir con nosotres lo que le provoca la tristeza. Debemos tener un gran respeto por la intimidad de les niñes y si en ese momento no quiere compartir con nosotres lo que le pasa, no le forzaremos. Ya nos lo explicará cuando sienta que debe hacerlo.

Pon emoción cuando expliques cuentos, siéntelos, y se desencadenará la magia.

Muestra tus habilidades cuando expliques cuentos.

Todas las personas tenemos más desenvoltura en unas competencias que en otras y estas las podemos utilizar a la hora de contar cuentos: cantar, dibujar, hacer mimo, manualidades…

Hacer voces diferentes o sonidos onomatopéyicos son dos herramientas casi imprescindibles para contar cuentos en toda su magnitud: no es lo mismo simular que abres una puerta en silencio que «abrirla» haciendo: «ñiieeec» o decir que en aquellos momentos pasaban unos coches a alta velocidad que hacerlo con la compañía de unos cuantos «burrummmm, burrummmm».


El cuento tiene que enamorarte a ti.

Si hay un ingrediente importante (me atrevería a decir que incluso imprescindible) a la hora de contar cuentos a les niñes es que el cuento te guste a ti. Piensa que si decides explicar una historia, la tendrás que leer muchas veces hasta hacerla tuya y, después, cuando la cuentes a les niñes, lo más probable es que pidan que se la expliques una y otra vez. Así es que procura hacerte con historias que te gusten mucho a ti; además, si un cuento no te entusiasma será difícil que puedas transmitir entusiasmo porque no podrás tener la conexión adecuada con él.

Si te animas a contar cuentos a les niñes dejarás entrar la magia en tu casa.

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