El amor es la más potente y más desconocida energía del mundo.

Pierre Teilhard de Chardin


Amarnos incondicionalmente es básico para nuestra autoestima.

Seguimos hablando de autoestima saludable

En el artículo anterior titulado: Qué es tener una autoestima saludable hablé de qué es y cómo empezar a construir una autoestima saludable; en el de hoy, seguiré hablando de ello.

Cuando vibramos con la energía de alta frecuencia que es el AMOR sincero e incondicional nos aceptamos tal y como somos, nos perdonamos y perdonamos a otras personas y todo fluye maravillosamente. Sí, ya lo sé, suena muy de cuentos dulzones y ñoños; pero cuando empezamos a trabajar en nosotras para ir amándonos cada día más y más, nuestra vida comienza a transformarse saludablemente.


Qué es el amor incondicional

Un poquito más arriba he escrito «amor sincero e incondicional» que, a pesar de ser lo mejor que podamos hacer por nosotras, es algo que nos cuesta mucho ya que, a menudo, supone reconocer y transformar toda una serie de creencias ancestrales que nos condicionan.

Es un amor que a las personas nos cuesta mucho dar porque no nos lo damos a nosotras. Normalmente amamos a cambio de algo. Solemos dar amor y queremos que la persona que lo recibe se comporte como nosotras esperamos que lo haga. Esto se ve más claramente en la relación entre padres e hijos adolescentes o jóvenes. Cuando éstos no se comportan como sus padres creen que deberían hacerlo o toman decisiones contrarias a las que ellos desearían, a menudo sueltan aquella frase lapidaria que dice «¡Con todo lo que hemos hecho por ti y nos lo agradeces así!»  

Si queremos ser personas emocionalmente libres, debemos dar porque nos apetece dar, pero no porque esperamos una recompensa a cambio o un reconocimiento. Cuando damos esperando una recompensa sea del tipo que sea, nuestra autoestima está bastante baja.

Alfredo Hoffman dijo que “cuando menos nos aceptamos, más necesitamos la aceptación de los demás”.


Así es que ahora te voy a exponer:

5 maneras para detectar una autoestima baja

1.- Necesidad de la aprobación constante de las personas que nos rodean

Si necesitamos preguntar una y otra vez si tenemos buen aspecto, si vamos bien o hacemos el ridículo, si hacemos bien en aceptar algo o no, etc. 

2.- Elevado nivel de autoexigencia

Cada vez que hacemos algo, buscamos la máxima perfección, lo hacemos lo mejor que sabemos y, sin embargo, no sale como esperábamos, nos hundimos por ello y estamos días y días dándole vueltas y diciendo que somos un desastre.

3.- Pensamientos negativos que dominan el día a día

Y vemos malas intenciones hacia nosotros. Cuando tenemos siempre miedo de que nos pase algo desagradable. Nos angustiamos anticipadamente por lo que puede pasar.

4.- Autocrítica constante

Nunca nos vemos bien, todo lo hacemos mal. Cuando alguien nos hace un elogio, no lo aceptamos, como por ejemplo, cuando alguien nos dice «¡Estás guapa hoy!» Y tú respondes que hoy te has maquillado más y que por lo tanto tienes cara de «salud de pote»; o que has ido a la peluquería y la peluquera hace muy bien su trabajo…

5.- Elevada preocupación por lo que dirán los demás de nosotros

Cuando hacemos cosas sólo pensando en lo que los demás dirían de nosotros si adoptamos otra opción y nos da miedo la crítica.

Nunca podemos complacer a todo el mundo, así es que es urgente que empecemos a actuar en función de lo que nosotras creemos correcto, sin tener en cuenta las críticas de los demás.

Hacer las cosas pensando siempre en quedar bien con todo el mundo es un desgaste de energía inútil. 

Como dice Woody Allen: «No conozco la clave del éxito, pero la clave del fracaso es tratar de complacer a todos.»

Vivimos rodeados de maravillas, aprendamos a apreciarlas.

5 pautas sobre cómo ir construyendo una autoestima saludable

1.- Observemos qué pensamos y cómo hablamos de nosotros

Todas las personas hablamos solas, no porque estemos enfermas, sino porque forma parte de nuestra salud emocional. Los problemas llegan cuando nuestro diálogo interno es siempre crítico, limitador e incluso, a menudo, insultante.

Nos resulta muy fácil hacer autocrítica destructiva y, lo peor de todo es que le dedicamos muchas horas al día.

Por lo tanto, lo que te diría es: observa qué piensas y qué dices de ti; y, cada vez que te descubras haciendo un comentario tipo: «mira que decir esto, es que siempre meto la pata», «pero, ¿por qué he dicho esto?, y ahora, ¿qué pensarán de mí?, pues que soy tonta, como mínimo», «¡Uf! ¡Qué pelos! ¡Hoy parezco una bruja!», etc., por favor, detente. Para por unos instantes y piensa: «¿Esto se lo diría a la persona que más quiero?» Si la respuesta es «no», pídete perdón y cambia el comentario.

Esto es un entrenamiento, y da frutos a base de practicar y practicar.

Yo, ahora, cada vez que me pillo diciendo o pensando algo desagradable de mí, me paro un momento y digo; «¡Eh, frena! ¡Que no es para tanto! Disculpa, Janet, no quería decir eso de ti. No te lo mereces». Yo lo digo en tono de broma, para quitar hierro a la situación, y me funciona. No es necesario que nos fustiguemos tanto como lo hacemos, porque con ello lo único que conseguimos es hundirnos un poquito más cada día.

¡Ah! Y sí, yo también me digo cosas desagradables; la gran diferencia es que ahora me doy cuenta y, tal como te he contado hace un momento, las corrijo.

2.- ¿Qué puedo hacer hoy para mí?   

Esta es una de mis preferidas. Cada mañana, lo primero que hago cuando despierto es decir «GRACIAS», después me dedico una sonrisa y me pregunto: «¿Qué puedo hacer hoy para ti, guapa?»

Después de unos instantes siempre me viene a la cabeza algo sencillo: «me encantaría ir a tomar una infusión en una terraza con vistas al mar», «me hace ilusión llamar a mi hermana para ir a desayunar juntas», «me gustaría irme a comprar ese libro que me recomendaron ayer», «me apetece disfrutar de un paseo en silencio»… y lo hago.

Este ejercicio es muy poderoso porque le estás diciendo a tu subconsciente que te amas, te valoras y te cuidas. Y lo haces de la manera que mejor lo entiende: actuando.

3.- Aprender a irte conociendo

Aunque parezca mentira, las personas no nos conocemos lo suficiente a nosotras mismas y eso nos hace sufrir de manera consciente o inconsciente.

¿Qué podemos hacer para ir conociéndonos? Algo que es de gran utilidad para el autoconocimiento es llevar un diario emocional. De él te hablo en el artículo de este mismo blog, titulado “¿Qué es tu diario emocional y cómo te puede ayudar?”. Te recomiendo que lo leas, si no lo has hecho ya.

4. Llénate de amor y perdón

El amor es la fuerza que mueve montañas, esas montañas que tenemos ante nosotros en forma de limitaciones, de angustia, de problemas. Cuando nos llenamos de amor, nos llenamos de una energía extremadamente poderosa; pero debe ser un amor incondicional, un amor sincero y para llenarnos de este amor, antes hemos tenido que practicar el perdón.

Sé que en estos momentos esto suena extraño, porque nos cuesta entender que tengamos que perdonar a alguien que nos ha hecho daño, o a una situación que nos angustia (casos de enfermedades graves, por ejemplo); pero perdonar, soltar, es imprescindible para poder liberar de peso la carga de nuestra mochila emocional. El perdón merece varios artículos, que iré escribiendo semana tras semana.  

Esto no significa que una persona tenga que ir a dar perdón a otra por algo que le ha hecho, no. Este perdón no libera, este perdón humilla. Hablo del perdón dentro de nosotras, de un perdón que suelta todo lo que te ha pasado, que limpia para poder empezar de nuevo.

5.- Vivir de manera consciente

Y, para terminar, te diré que es toda una experiencia enriquecedora el hecho de ir viviendo de manera consciente. Y eso ¿qué significa? Esto quiere decir, que cuando voy caminando por la calle o por la naturaleza, observo maravillada todo lo que me rodea: niños que juegan, perros que corren, personas mayores que pasean, hojas de los árboles que danzan al son del viento…

Vivir de manera consciente significa que cuando hago una tarea la hago con toda mi concentración, ya sea lavar platos, barrer, escribir, amar, leer, jugar… sea la que sea, en aquellos instantes sólo soy yo y lo que estoy haciendo. Procuro que la mente no divague mucho, pero siempre lo hace, entonces, sonrío y le digo: «guapa, ahora no; que ahora estoy haciendo esto». Y vuelvo a mi tarea.

He dicho varias veces que esto es un entrenamiento, pero una vez más te recuerdo que practicarlo supone un cambio en tu vida para vivirla con más plenitud, respeto y paz interior.

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