Lo que pasó, pasó.

Muchas veces me encuentro con personas que fingen que cosas que les dolieron no pasaron y “se olvidan” de ellas; pero esto solo sirve para autoengañarse y llenar de peso inútil sus mochilas emocionales. 

Todas tus experiencias han quedado grabadas de una manera u otra en tu cuerpo y en tu corazón y aquello que has vivido como doloroso ha dejado cicatriz y esto no lo puedes modificar; lo que sí que puedes cambiar es cómo vives ahora todo aquello. Puedes decidir aprender de esa experiencia y mirar adelante o quedarte enganchada en el dolor irreparable.

El perdón es básico para tener paz interior.

Tu libre albedrío consiste en decidir si vas a llevar tu mochila emocional con exceso de peso o vas a caminar por tu vida mucho más libre.


Qué decides poner en tu mochila de vida.

Todas las personas nacemos con una mochila invisible en la que vamos poniendo nuestras experiencias vitales, y según lo que decidamos poner en ella vamos a poder avanzar y lograr nuestras metas o nos vamos a quedar estancadas dando vueltas y más vueltas a lo que tenemos en la mochila.

La persona que somos ahora se ha creado en base a lo que vamos poniendo en nuestra mochila y en las experiencias que hemos ido viviendo a lo largo de los años. Es muy importante elegir bien qué es lo que vamos a poner en la mochila y qué vamos a dejar fuera de ella; para ello ten en cuenta la influencia que esta decisión tiene en tu vida.


Tu cuaderno emocional.

Tanto si escribes regularmente en tu diario emocional o no, te invito a que escribas en él todas las heridas del pasado que te vengan a la mente y que sientes que todavía te pesan mucho, de las que aún no has pasado página. Escríbelas en forma de lista.

A continuación elige una, la que te pese menos, y la escribes como título en una hoja del cuaderno.

Escribe debajo todo lo que te pase por la cabeza al respecto: quién estaba allí, dónde sucedió, en qué etapa de tu vida estabas entonces, qué le dirías a la persona que estaba contigo, etc.

Cuando ya sientas que has expresado todo lo que tenías dentro, escribe a tu yo del pasado y escribe cómo ves lo que pasó ahora que has decidido liberar aquella memoria de dolor.

Si trabajas el perdón, el soltar aquello que pasó, es porque deseas tener paz interior, estar bien contigo misma y con el mundo.

El rencor que sentimos cuando no queremos perdonar se nos queda clavado en nuestro organismo y va soltando un veneno que, al final, termina con nuestra buena salud, por esto es tan importante trabajar el perdón. Lo haces por amor a ti.

Los niños viven el presente y dejan atrás el pasado.

Vinimos a este mundo con la capacidad de perdonar.

¿Te has fijado alguna vez que cuando dos niños juegan y se pelean, al cabo de poco rato vuelven a ser amigos? Esa maravillosa capacidad de vivir el presente y de dejar atrás el pasado la vamos perdiendo conforme entramos en la etapa adulta, y esto es algo que nos perjudica seriamente la salud emocional y física; pero la podemos ir recuperando.

No es fácil, pero es posible. Se trata de perseverar, de enfocarnos en nuestro bienestar emocional y de empezar a vivir desde el amor propio en vez del rencor.


Pasos para poder trabajar el perdón.

  1. Reconocer que tengo ese rencor dentro, eso que me provocó dolor y que está siempre en mí. Ahora que lo reconozco y, como he dicho más arriba, lo he escrito en mi cuaderno, puedo mirarlo a la cara.
  2. Al hacerlo, ese dolor del pasado renace en mí. Decido sentir ese dolor a la vez que voy haciendo respiraciones profundas. Escribo lo que siento, le pongo palabras, nombres, lo puedo dibujar, describir…
  3. Tomo consciencia que eso pasó, que ya no tiene porqué estar en mi presente a menos que yo le dé permiso y decido no dárselo. Decido dejarlo allí, en donde se produjo. Lo saco de mi mochila emocional. 
  4. Escribo todo aquello que he aprendido de mi experiencia de dolor y busco el aprendizaje de todo ello a la vez que lo escribo.
  5. Me despido de mi dolor, de mi rencor y de mi rabia y le doy la bienvenida a la paz y a la lección aprendida.

Algo que puede ayudar mucho a realizar este ejercicio es tener una mochila pequeña a la que le habrás puesto una piedra envuelta en el papel con el nombre de aquella experiencia de dolor que decides soltar hoy.

Luego, dibujas o escribes en una hoja o en una cartulina la lección que has aprendido de aquella experiencia. 

Para terminar, quitas de la mochila la pelota de papel, la tiras a la basura y pones dentro el dibujo o el escrito que has hecho.

Ponte la mochila en la espalda y comprueba que no pesa nada. 

Repite este ejercicio con todas las cosas que has puesto en la lista; pero no las trabajes todas de golpe. 

Mi recomendación es ir haciendo un poco cada día para poder perseverar sin cansarte.


Eso es todo por hoy.

Muchas gracias por leerme.

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