¿Mi ansiedad es un invento mío o es real?  

Esta pregunta me la han hecho varias personas como una reflexión angustiante ante la actitud que tiene su entorno frente a la ansiedad que ellas sufren.

Mi respuesta es que tu ansiedad es real, lo que no es real es el motivo que la provoca y, si queremos erradicarla tenemos que enfocarnos en trabajar en los pensamientos que hacen que ciertos miedos y preocupaciones no reales los veas como sí que lo fueran.

Así es que tu ansiedad no es “cuento”, no es una manera tuya de llamar la atención, es algo real que es imprescindible trabajar para evitar que condicione negativamente tu vida.

Quiero comentar aquí que la ansiedad de la que estoy escribiendo ahora es la patológica, la que no nos deja descansar ni vivir y que, con el tiempo, nos acaba generando enfermedades físicas (úlceras gástricas, taquicardias, trastornos respiratorios, etc.). Sentir ansiedad en momentos determinados de nuestra vida es normal e incluso saludable; por ejemplo, si yo tengo que hacer un examen, una entrevista de trabajo o una intervención delante de público, tener un punto de ansiedad que me permita prepararme bien, querer tenerlo todo listo para poderlo hacer lo mejor que yo pueda, esta ansiedad, es saludable; el problema está cuando siento ansiedad por cosas que todavía no han sucedido y que esa ansiedad me bloquea para vivir mi vida. 

La ansiedad no es un «cuento», es muy real y no la podemos subestimar.

Entonces, ¿qué es la ansiedad?

Es sentir miedos y preocupaciones fuertes, desmesurados y persistentes en el tiempo sobre situaciones que para las demás personas no son motivo de angustia. Cuando la ansiedad aumenta de volumen y el miedo alcanza un nivel mucho más alto, podemos sufrir ataques de pánico; algo que es difícil de controlar y que nos provoca la sensación (para nosotras real) de que nos estamos muriendo. Una vez un señor me comentó que él había sufrido un infarto de corazón y varios ataques de ansiedad y que lo había pasado mucho peor durante los ataques de ansiedad que durante el infarto.

Así es que no hay que subestimar para nada los trastornos de ansiedad.


¿Qué puedes hacer para vencer la ansiedad?

Conocer qué cosas pueden provocártela (aquí citaré solo tres):

1. La fatiga física, mental o emocional son un desencadenante importante de la ansiedad. Demasiadas veces no hacemos caso de cuándo estamos llegando a nuestros límites y seguimos adelante, a pesar de que nuestro cuerpo nos va mandando señales de que algo no está funcionando bien, hasta que llega un día que podemos sufrir una crisis de pánico que entonces nos obliga a parar sí o sí y a buscar ayuda profesional. No esperes nunca a llegar a tus límites y cuidate antes de verte en una situación de agotamiento.  

2. Traumas vividos en la infancia o en la adolescencia son grandes generadores de ansiedad. Si sufres de ansiedad o has tenido algún ataque de pánico y no sabes encontrar el motivo que los ha provocado, es urgente que te pongas en contacto con profesionales de la salud para que te puedan hacer un diagnóstico correcto y derivarte a la persona adecuada para que te ayude a trabajar estos traumas.

3. Pensamiento negativo. Es algo que llevamos incorporado desde la infancia y que se ha construido a raíz de las creencias familiares y de la sociedad en que vivimos en cada momento de nuestra vida. Nosotras podemos tomar consciencia de esta negatividad y trabajar para empezar a enfocarnos en una visión más positiva de la vida.

Anota en un cuaderno cuándo y cómo se presenta, qué señales te manda tu cuerpo justo antes, para poder actuar antes.

Cosas que puedes hacer para empezar a dominar la ansiedad.

  • En primer lugar reconocerla y aceptarla.

Cuando reconoces que tienes ansiedad, sin negarla y sin lamentarte por ello, simplemente la aceptas, está ahí. A partir de esa aceptación puedes escribir en un cuaderno cuándo se presenta y cómo son las señales previas a la manifestación de la ansiedad que te manda tu cuerpo. Lo que recuerdas haber sentido antes de un ataque de ansiedad; por ejemplo, empiezas a temblar o a sudar, o sientes que te cuesta respirar o que tu corazón se acelera… qué es lo primero que ocurre en tu cuerpo.

Esto es muy importante porque cuando puedes detectar los preliminares, puedes actuar con el tiempo suficiente para evitar una crisis.

No niegues la ansiedad, no te digas: “no tengo ansiedad, no  tengo ansiedad” porque lo que vas a conseguir es provocarte una crisis más fuerte. 

La ansiedad está aquí y no te gusta para nada porque te hace pasar unos momentos muy difíciles y duros; pero en lugar de negarla, acéptala. Si la niegas, también te niegas la posibilidad de controlarla porque la transformas en invisible y esto es algo que la mantiene en tu vida, pero que tú finges que no está.

Cuando la aceptas, puedes trabajar para vencerla; de lo contrario es mucho más complicado.

  • Adopta la costumbre de realizar varias respiraciones conscientes a lo largo de tu día.

Esto es algo tan sencillo que a nuestra mente intelectual le cuesta entender que funcione, pero realmente funciona.

Cuando te paras unos segundos para hacer dos o tres respiraciones conscientes y luego continúas con tus tareas, te estás regalando varios minutos de paz y de control que, con el paso del tiempo, serán tus grandes aliados.

Al hacer estas respiraciones cuando no tienes ansiedad, te estás proveyendo de una herramienta muy eficaz para poner en marcha cuando empieces a sentir las primeras señales que te mande tu cuerpo.

De verdad, pruébalo y lo comprobarás por ti misma. 


En próximos artículos te compartiré más herramientas.

Muchas gracias por leerme.

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