A pesar de que las personas deseamos encontrar calma y paz interior, son pocas las personas que realmente logran conseguirlas. En este artículo voy a darte algunas pautas para ayudarte a tener calma y paz interior.

Debes tener en cuenta que los resultados siempre llegan, pero que no lo hacen de una manera inmediata. Para conseguirlos necesitamos practicar cada día y perseverar hasta lograr esa paz interior que la mayoría de personas ansiamos tanto.


¿Podemos definir qué es la calma?

La calma, como el miedo, la alegría, la tristeza, etc. son conceptos abstractos que, como tales, no podemos palpar; pero en cambio, todos ellos nos producen unos efectos físicos en nuestro organismo que sí que podemos ver: temblores, sudoración, excitación, ausencia de todos ellos, etc. Cuando estos signos son esporádicos no tienen más afectación en el organismo, pero si son continuados beneficiarán o perjudicarán nuestra salud.

Teniendo en cuenta todo esto podemos definir la calma como ese estado de ánimo con el que nos encontramos en paz mental y física con nosotras mismas. La alcanzamos como consecuencia de una serie de hábitos físicos y mentales que nos conducen a ella.

Alcanzamos el estado de calma mediante la adquisición de una serie de hábitos físicos y mentales.

El estado de calma.

Cuando logramos alcanzar el estado de calma tenemos la capacidad de actuar de manera proactiva y no reactiva a los acontecimientos que vamos viviendo. La diferencia en nuestra vida es notable. Cuando tenemos una actitud reactiva esperamos que las cosas ocurran para actuar, mientras que en la proactiva somos nosotras las que creamos las circunstancias para movernos, en cierta manera nos anticipamos a los hechos.

El comportamiento reactivo está muy relacionado con el estrés y el proactivo con la calma.

La calma nos permite encarar los factores estresantes del día a día con tranquilidad y esto tiene una repercusión positiva en nuestro estado de salud.

Cuanto más practiquemos más fácil nos va a resultar vivir desde la calma, ocurra lo que ocurra a nuestro alrededor.

Incorporar la calma en nuestra vida significa vivir en equilibrio, orden y armonía.


El lado opuesto a la calma: el estrés.

Me gustaría aclarar que hay dos tipos de estrés: el eustrés, conocido como el estrés positivo, y el distrés, que es el negativo.

El eustrés es positivo porque nos estimula a la hora de hacer bien las cosas. Sentir un punto de estrés en la preparación de un acto o al hacer una tarea me proporciona esa energía y esa atención necesarias para que yo me esfuerce en que todo salga bien. Es un estrés que, una vez terminada la tarea, desaparece.

El distrés es negativo porque, en vez de estimularnos, nos bloquea, nos condiciona y nos manda mensajes conforme no podemos hacer esto o lo otro, que la situación que tenemos delante nos desborda y nosotras no podremos hacer nada.

Todo nuestro organismo sufre principalmente porque el distrés se ancla en nuestra mente y estamos casi 24 horas al día a su merced. Esto significa que estamos muchas horas al día, todos los días del año viviendo con los síntomas que nos provoca el distrés: dificultades de concentración, irritabilidad, falta de memoria (porque a causa del estrés nuestro cuerpo malgasta el oxígeno y no hay suficiente para todo), ansiedad, agotamiento generalizado, temblores, mal dormir, dolores de diversa índole, problemas intestinales y un largo etcétera más.

Este tipo de estrés continuado nos puede traer problemas de adicciones, ira mal gestionada, impulsividad, etc.


3 cosas que puedes hacer para instaurar la calma en tu vida.

1.    Disfruta de unos minutos de sol.

Los días que, cuando salgas de tu casa, haga sol, párate unos breves minutos y disfruta de los beneficios de la luz solar.

Dedica unos minutos al día a tomar el sol de forma consciente y relajada.

Esta es una forma natural de favorecer un estado de ánimo de calma porque esta breve exposición provoca que la serotonina (hormona de la felicidad) aumente en nuestro cuerpo, sobre todo si, mientras disfrutas de ese breve instante de sol, sonríes.

2.    Cuando suene el despertador no te levantes enseguida.

No saltes de la cama cuando suene la alarma de tu despertador. Espera unos segundos antes de levantarte, sonríe y da las gracias por un nuevo día. Hazlo tengas ganas o no. Es algo muy poderoso para empezar el día con buena energía y un gran estímulo para cambiar el estado de ánimo.

Al principio, hasta que no lo tengas instaurado como un hábito, puedes dejarte una tarjeta en tu mesilla de noche que te sirva de recordatorio.

Con el paso del tiempo ya te saldrá de forma automática.

3.    Practica la respiración de globo.

Este ejercicio de respiración de mindfulness nos permite volver al momento presente cuando nuestra mente no deja de dar vueltas y vueltas a pensamientos que nos provocan estrés.

–       Siéntate en una posición cómoda (piernas sin cruzar, ojos cerrados y espalda recta).

–       Inspira tanto aire como seas capaz y aguántalo todo lo que puedas. Mientras va entrando el aire a tus pulmones, pon tu mano encima de tu pecho y siente cómo estos se van inflando como si fueran un globo.

–       Luego, espira lo más lentamente que puedas e intenta visualizar cómo tu globo interno se va desinflando.

Repite esta respiración varias veces hasta que te sientas relajada.

Es recomendable realizar este ejercicio en el momento de irte a la cama y en el de levantarte.


Esto es todo por hoy. Muchas gracias por leerme.

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