El león temía a ese otro que veía reflejado en el agua.

Esta fábula habla del miedo irracional, de ese miedo que proyecta nuestros propios fantasmas y, aun siendo infundado, nos limita e impide que alcancemos nuestros objetivos.

Se cuenta que hace tiempo, por la sabana africana, deambulaba un león fuera de su territorio. Hacía días que no cazaba y tenía mucha sed, cuando, por suerte, encontró un lago de agua fresca y cristalina.

Raudo fue a beber, pero al acercarse al agua vio reflejada su imagen. Entonces se asustó y, mientras se retiraba, pensó:

  • Debo estar en el territorio de este imponente león, y el lago le pertenece. Esperaré en la sombra mi oportunidad.

Pasaban las horas y su sed aumentaba. Al no ver a ese león, se acercó otra vez a beber aunque de nuevo apareció el guardián del lago. “Esta vez lo asustaré”, pensó, y rugió y enseñó sus afilados colmillos. Pero lejos de asustarse, el guardián del lago actuó también con la misma agresividad.

  • ¿Qué hago? -se preguntaba- No hay otro lago cercano y no quiero enfrentarme en una pelea con semejante rival. -Y, una vez más, se retiró.

Lo intentó varias veces y otras tantas retrocedió, porque ese león siempre estaba allí respondiendo a sus amenazas.

Finalmente, la sed era tanta que decidió beber, pasara lo que pasara.

Con determinación y rapidez se acercó al lago y metió la cabeza en el agua. En ese preciso instante el guardián del lago desapareció, y pudo beber todo lo que quiso con tranquilidad.

Enfréntate a tus miedos y no esperes a tener tanta sed como el león.

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