“La mayoría de la gente gasta más tiempo hablando de los problemas que en cómo afrontarlos.”

Henry Ford

Enfócate en la solución y no en el problema.

Cuando tienes un problema y le das vueltas y más vueltas, lo que ocurre es que toda tu atención está puesta en el problema y, aunque tengas la solución del mismo delante tuyo, no serás capaz de verla. 

Te cuento algo que leí una vez:

Resulta que en un evento reunieron a unas 50 personas en una misma sala. En un momento determinado, la persona que dirigía el acto pidió a los asistentes que buscaran en la sala todas las cosas que encontraran de color rojo ya que después les pedirían que las nombraran con los ojos cerrados.

Cuando llegó el momento del ejercicio, esta persona solicitó al público que dijeran todas las cosas de color lila que recordaran.

La gran mayoría de personas no supieron qué decir porque ellas se habían enfocado en las cosas que había de color rojo y no de color lila.

Cuando les hicieron abrir los ojos, comprobaron que en su mesa tenían todas la carpeta de color lila que les habían dado al entrar a la sala del evento.

Otro ejemplo que ponemos a menudo cuando hablamos de enfoque es el de cuando sabes que estás esperando un bebé y sales a la calle. De la noche a la mañana te cruzas por la calle con un montón de mujeres embarazadas. ¿Dónde estaban ayer o en días anteriores estas mujeres? ¿Les ha salido la barriga de golpe o es que no las veíamos porque no estábamos enfocadas en verlas?

Estos dos ejemplos son una prueba de que conectamos con aquello en lo que ponemos nuestro enfoque, así es que si empiezas a pensar en poner tu atención en lo que te interesa (en este caso en la solución a tu problema) serás capaz de descubrir las opciones que te ofrece la vida y reducirás la fuerza negativa que tiene en ti el pensar en el problema.


Y si mi problema no tiene solución, ¿qué puedo hacer?

Cuando la solución de un problema no depende de nosotras, lo que podemos hacer es aceptar esa situación y enfocarnos en las cosas que dependan de nosotras. 

Ante un problema, lo primero que tenemos que plantearnos es: ¿está en mi mano el hacer algo para solucionar esto? Si la respuesta es afirmativa, pues me pongo en acción para resolverlo; pero si la respuesta es negativa, acepto que yo no puedo hacer nada para cambiar esta situación y me enfoco en otras cosas.

Para lo único que nos sirve dar vueltas y más vueltas a los problemas es para agravar estados de ansiedad y anclarnos en una eterna situación de angustia que lo que va a provocar es que nos quedemos bloqueadas y no podamos salir del hoyo.


El pensamiento positivo ayuda a encontrar las mejores soluciones.

El pensamiento positivo no significa fingir que los problemas no existen y esconder la cabeza bajo tierra como el avestruz mientras esperamos a que desaparezcan; significa aceptar una situación que no me gusta para nada y mirarla desde otra perspectiva para encontrar la solución.

Con el pensamiento positivo lo que hago es quitarle fuerza a la negatividad y enfocarme en la mejor opción posible, a la vez que los niveles de ansiedad disminuyen considerablemente.

Wayne Dyer decía que cuando cambias la manera de ver las cosas, las cosas que ves, cambian.


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