He comentado ya algunas veces que, en coaching, partimos del estado actual de nuestra cliente y nos enfocamos en lograr llegar al estado deseado, que sería la meta. Para llegar a ella, definiremos una serie de objetivos que nos van a permitir, paso a paso, alcanzarla.

En los dos artículos anteriores a este: “Cómo puedes definir los objetivos para alcanzar tus metas” y “6 preguntas clave para definir objetivos en positivo” te hablé de la importancia de fijarnos objetivos y de que estos sean formulados en positivo para poder lograr llegar a nuestro estado deseado; pero esto, aunque sea un punto de partida clave, no es suficiente para alcanzar nuestras metas. Necesitamos apoyarnos en más aspectos, uno de los cuales, del te hablaré hoy, es la importancia que tienen las emociones y las visualizaciones en el logro de nuestras metas y para ello no apoyaremos en una serie de preguntas que nos van a permitir vibrar con la sintonía del objetivo alcanzado. Antes de empezar es importante que demos una puntuación del 1 al 10 sobre cómo de cerca estamos de nuestro objetivo deseado, donde 1 es muy lejano y 10 es muy próximo. 

Esta valoración inicial es importante ya que te va a permitir llevar un control de tus avances hacia el logro de tus metas. Si cada vez la puntuación es más cercana al 10 significa que estás en el camino correcto, si, por el contrario sientes que no te mueves o que te alejas de ella, deberás replantearte tus objetivos. 

El poder sensorial en el logro de los objetivos marcados.
Cinco minutos al día para visualizar tu llegada a la meta.  

Cuando escribas tus objetivos, guarda un espacio para explicar tu estado deseado como si ya estuvieras allí, pero hazlo enfocada solo en los elementos sensoriales: oído, vista, tacto, olfato y gusto; y también, visualizando la parte emocional del proceso, es decir, cómo te vas a sentir cuando ya hayas logrado llegar a la meta deseada por ti; pero, tal como te comenté en el artículo “6 preguntas clave para definir objetivos en positivo”  formula la pregunta de manera estimulante, como por ejemplo, “¿Cómo me sentiré cuando llegue a mi estado deseado?”, en vez de “¿Cómo me sentiría si llegara a mi estado deseado?”; si observas bien las dos preguntas, en la primera el enfoque está puesto en el logro de la meta y en la segunda, ese resultado es hipotético.

Ya he comentado más de una vez que las palabras que utilizamos tienen un gran poder en nuestra vida.

Durante esos cinco minutos de visualización, cierra tus ojos y conecta con esas emociones y con las sensaciones que sabes que vivirás el día que logres ese objetivo deseado. Acompáñate de preguntas del tipo:

  • ¿Qué veré el día que llegue a mi meta?

Describe con los máximos detalles que puedas todo lo que verás a nivel de objetos, escena, decoración, personas, etc.

  • ¿Quién estará conmigo?

Piensa en las personas que te están apoyando, que te dan la mano cada vez que te caes para ayudarte a levantar, personas que quizás ahora no conozcas todavía pero que sabes que estarán allí. Procura visualizar cómo son estas personas, cómo visten, cómo huelen, cómo se mueven, cómo van peinadas, si llevan o no maquillaje, en fin, todo lo que se te ocurra. 

Lo más probable es que al principio te cueste ver muchas de las cosas que te he propuesto aquí, pero con la práctica descubrirás que cada vez te resulta más fácil hacerlo y vas siendo capaz de ampliar los detalles.

  • ¿Cómo iré vestida? ¿Cómo me ataviaré?

A este punto también es importante que le dediques un rato. Piensa en si vestirás igual a como lo haces ahora o si, por el contrario, renovarás por completo tu vestuario y tu manera de arreglarte.

Visualiza cómo será tu imagen externa en todos los aspectos que se te ocurran, complementos incluídos (bolsos, zapatos, adornos…).

  • ¿Qué sonidos escucharé?

Cuando llegues a tu estado deseado, ¿sonará música? ¿cuál? ¿qué sonido ambiental habrá? ¿de máquinas funcionando? ¿personas hablando? ¿de pájaros u otros animales? 

  • ¿Qué olores podré oler?

¿La colonia o el perfume de las personas que estén allí contigo? ¿El olor de las plantas mojadas? ¿Olor de lluvia? Describe tú lo que sientes que vas a percibir al llegar a tu meta.

  • ¿Qué veré cuando me encuentre en mi estado deseado?

Describe todo lo que se te ocurra que está allí esperándote. Recréate en el máximo número de detalles posible. Disfruta de este maravilloso y potente juego.

  • ¿Con qué cosas suculentas me encontraré?

¿Será dulce o salado? ¿Te esperarán con una copa de cava? ¿Prefieres zumo? Escribe qué te vas a encontrar cuando llegues.

  • ¿Qué tacto tendrán las cosas que están allí?

¿Un tacto suave como el terciopelo o todo lo contrario? Sea como sea, seguro que es una sensación muy agradable para ti. 


Evalúa si  vas por buen camino.

Cuando definas tu objetivo, búscate una persona o más de una que se conviertan en tus cómplices. Ellas te van a ayudar a valorar tu progreso, pero desde una perspectiva de acompañante y de personas que te van a tender la mano; no aceptes personas que tengas muchas creencias limitantes; se trata de rodearte de personas que te van a ayudar a llegar a tu meta y con las que compartirás tus avances y tus bloqueos. Ellas te felicitarán en tus avances y te ayudarán a salvar tus bloqueos.

Selecciona muy bien quién te va a acompañar en este camino y, si no te convence nadie de tu entorno, contrata los servicios de coaching con una coach de tu confianza.

En varios momentos de tu camino, reúnete con una persona de las que has elegido y vuelve a hacer la valoración del principio. ¿En qué punto estás de tu meta? Si estás más cerca que cuando iniciaste el proceso, es que vas por buen camino; si sientes que te has quedado atascada o que has retrocedido, es el momento de replantearte tus objetivos.

Muchas gracias por leerme. ¡Hasta el próximo artículo!

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