“¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.”

Albert Einstein

Las etiquetas estigmatizan y limitan.

Las etiquetas estigmatizan y limitan. 

Las etiquetas son prácticas cuando estamos hablando de productos como la ropa o la comida, por ejemplo, porque nos permiten saber su composición, qué tratamiento hay que darle, etc. Y, sobre todo, porque son cosas que no están en ningún proceso evolutivo, han llegado a su punto máximo de creación.

Esto no es así con las personas. Nosotras estamos en constante crecimiento y si nos identificamos con las posibles etiquetas que nos pongan otras personas, nos estancamos, nos quedamos encalladas allí.

Etiquetas del tipo “empollona”, “desordenada”, “torpe”, “revoltosa”, etc. escuchadas una y otra vez desde edad temprana acaban por imponernos una definición de nosotras que no nos corresponde, es decir, nos condenan a comportarnos y a identificarnos con alguien que no somos nosotras en realidad.

El problema está en que, si en la infancia mi familia me etiqueta como “revoltosa”, yo, para ser fiel a lo que creen de mí, me comportaré como una persona revoltosa; aunque a veces no me apetezca. Lo haré porque es lo que esperan de mí. 

Las etiquetas que nos ponen en casa son las que más nos cuesta quitarnos de encima y esto nos aleja cada vez más de quiénes somos realmente. Cuando nos las creemos estamos perdidas porque acabamos afirmando cosas tan contundentes como: “yo soy así”, “es que yo soy muy desordenada”, “es que soy muy torpe”, etc. y esto son afirmaciones muy rotundas con una gran influencia negativa sobre nosotras.


Estamos en cambio constante y las etiquetas no nos definen.

Por este motivo, las etiquetas no nos definen porque quizás en nuestra adolescencia fuimos personas que no teníamos el orden incorporado en nuestra vida; pero esto no tiene porqué ser así siempre.

Resulta que un día descubrimos que nos gusta vivir en un entorno ordenado y limpio y empezamos a cambiar. Entonces, la etiqueta que nos han asignado de “eres una desordenada” no sirve; lo que ocurrió es que en una etapa de nuestra vida teníamos las cosas desordenadas, pero nosotras no éramos ese desorden (otra cosa es la relación entre el desorden exterior y el interior, pero esto sería un artículo aparte).

Wayne Dyer dijo una vez que la etiqueta “agua” ni moja ni nos quita la sed; el agua es la etiqueta.


Cambia tus etiquetas negativas y limitantes.

Escribe en tu cuaderno una lista de todas las etiquetas que llevas puestas, empieza por las que te pusieron durante la infancia porque estas son las más influyentes en tu vida.

Una vez tienes la lista hecha. Coge una por una y cuestiónala, escribe que tú no eres eso que hay allí escrito; que en algunos momentos de tu vida has tenido comportamientos que se corresponden a ello. Por ejemplo, durante tu adolescencia te habían podido decir que eras desordenada, pero en realidad tenías tu habitación desordenada, en cambio, ahora tienes tu espacio personal ordenado; quizás en tu niñez tu familia tenía que insistir para que te lavaras y te repetían una y otra vez que eras sucia; ahora te duchas cada mañana sin cuestionártelo, etc.

Ves desmontando esas etiquetas y escribe que tú no eres eso que dicen de ti; que no te definen para nada. Que tu estás en cambio constante y que lo que es válido para hoy no tiene porque serlo para mañana.

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