Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación,
nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos.
Viktor Frankl

No creo equivocarme si afirmo que a una de las cosas que más miedo tiene el ser humano es a los cambios.

Y lo curioso es que desde el momento en que somos engendrados, no paramos de cambiar hasta que nos morimos.  Las personas que ya pasamos de los cincuenta sabemos lo importante que era para nuestros padres tener el mismo trabajo durante toda su vida laboral, ir a comprar a las tiendas de siempre o tener los mismos vecinos durante décadas… para ellas cada cambio significaba realizar un esfuerzo de adaptación y, a veces, les aportaba una buena dosis de tristeza. 

Cuanto antes aceptemos que la vida es un cambio constante y cuanto antes empecemos a hacer cambios en nuestras rutinas, mejor aceptaremos los que nos vienen.  De hecho, en estos momentos, estamos en un cambio importante e inesperado de vida a raíz de la pandemia por coronavirus que estamos viviendo.

Para que nuestra vida mejore, a nosotras nos interesa hacer dos cosas:

  • Una, aceptar que la vida es un cambio constante y que, a menudo, nosotras somos las que tenemos que provocar y vivir los cambios necesarios para transformar nuestra vida.
  • Dos, entender que los cambios que podemos realizar siempre son en nosotras mismas y no en el exterior.  No podemos pedir a nadie que cambie ni angustiarnos porque una situación o una persona no cambie a nuestro gusto o cambie a nuestro disgusto.

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