Los sueños y la perseverancia son una poderosa combinación.”

William Longgood

William Longgood: «Los sueños y la perseverancia son una poderosa combinación.»

El mejor cóctel del mundo lo podemos preparar cualquiera de nosotras y contiene dos poderosos ingredientes: soñar y perseverar.


Soñar es el primer paso…

… para lograr convertir tus proyectos en realidad.

Regálate cada día un rato para dejar volar tu imaginación y soñar qué te gustaría lograr. No te pongas límites. Escribe, en la libreta de tus sueños, todo lo que se te ocurra, sin ningún tipo de filtro.

Luego dedícate a elegir aquel que más resuene contigo y con tu proyecto vital. Una vez lo tengas, tocará planificar el cómo. Quiero decirte que no elimines los sueños que no hayas elegido esta vez, mantenlos escritos en tu libreta.


Planificar es el siguiente paso.

Ahora que ya tienes tu sueño escrito en tu cuaderno de trabajo ha llegado el momento de organizar el proceso que te llevará a materializarlo.

Te recomiendo que utilices una libreta tamaño DIN A5 y dediques una página entera (por las dos caras) a cada objetivo diario.

En cada hoja escribirás el título que te va a permitir reconocer el objetivo diario, la fecha y la hora en que lo vas a realizar.

Luego, escribe qué necesitas para llevarlo a cabo.

Planifica el trayecto. Desde el día 1 hasta el último. Si no tienes los detalles de todos los días, no te preocupes. Lo más importante es que tengas claro qué vas a hacer cada día para lograr convertir ese proyecto en realidad.

Eso sí, cada noche antes de acostarte, escribe si has logrado cumplir con tu objetivo diario o no. Si no lo has hecho, describe qué ha sucedido para poder corregirlo en los días siguientes. Luego, describe lo que vas a hacer el próximo día.


Destruye los miedos y los obstáculos que están en tu mente.

Escribe en cada hoja de tus objetivos qué es lo que sientes tú que te impide llevar a cabo tu proyecto. Qué limitación o qué miedo viene a tu mente y que te manda mensajes de “esto es muy complicado”, “no lo vas a lograr porque jamás lo has hecho antes”, “se van a burlar de ti”, “vas a arruinarte tú y vas a arrastrar a tu familia”, etc.

Aunque los miedos y las creencias limitantes tienen las mismas consecuencias y los mismos orígenes, en cada persona se nos presentan de manera distinta; pero su función es la misma: evitar que llevemos a cabo nuestros sueños.

Cuando escribas un miedo o una creencia limitante, anota debajo qué puedes hacer para vencerlos. Aquí vale todo: pedir ayuda a amistades, familiares o a profesionales; atreverse a dar pasos que no has dado antes; burlarte de ese miedo y plantarle cara como si fueras una adolescente que no se cree nada de lo que le están contando…

Si en un objetivo te encuentras con más de un miedo o creencia limitante, quizás necesites replantearte la organización de los objetivos y dividirlos en otros más pequeños.

No te preocupe tardar más, ni creas que porque has hecho algunos objetivos más pequeños no llegarás nunca a la meta. Será todo lo contrario. Al poder realizar cada día estas tareas más menudas irás avanzando con paso firme hacia tu meta.

Lo más importante de esto es poder plantar cara a tus miedos y creencias limitantes que te impiden llevar a cabo tus sueños y esto es mucho más fácil de lograr cuanto más pequeños son.


El último paso es: NO TE RINDAS. Persevera hasta lograr tu sueño.

Si vas cumpliendo cada día con tus pequeños, pero firmes, objetivos te va a resultar más sencillo perseverar para llegar a tu meta.

Me gustaría comentarte que hay algunos momentos en que puede resultar más fácil rendirse.

Como nos hemos marcado objetivos pequeños, podemos tener la sensación de que no avanzamos. Que estamos cumpliendo cada día y no vemos resultados. En este momento es crucial saber que estás en la etapa: “hacer crecer las raíces”.

Me gusta llamarla así porque siempre la comparo a una semilla. Si yo siembro una semilla de lo que sea, la cuido, la riego lo justo para que ni tenga sed ni se pudra, la pongo al sol, van pasando los días y no veo que asome ningún brote no pensaré que no hay resultados. Pensaré que la planta, antes de salir al exterior, está creando sus raíces. Esas que la van a sostener firme cuando se desarrolle.

Es un proceso que requiere paciencia y que cuando se supera, da unos excelentes resultados.

Si estás trabajando cada día en tus objetivos no pienses que no pasa nada; que tú no veas resultados aún, no significa para nada que no los haya. Significa que estás en la fase raíz.

Otro momento en el que es fácil rendirse es cuando ya llevamos algún tiempo y, aunque hemos empezado a ser conscientes de los avances, todavía no vemos el proyecto tan desarrollado como nos gustaría. Hemos topado con obstáculos, hemos tenido que derrotar miedos y creencias limitantes y podemos estar cansadas.

Es el momento de visualizar tu llegada a la meta. De oír tu vocecita interior diciéndote: “¡Venga! Has llegado hasta aquí. ¿De verdad te vas a rendir ahora? Vamos a ver qué tarea te toca para mañana y la preparas.” Y lo haces con una sonrisa.

En estos momentos, a mí me gusta tener escrito en mis hojas un aviso que cuando llegue al día X tendré un regalo. Piensa algo que sea accesible para ti y que te haga ilusión. Ves preparándolo y te lo dejas preparado para cuando llegue ese día.

Eso sí, si no cumples con los objetivos tu compromiso será dejarlo para más adelante, cuando llegues a la parte de la meta con la que estés implicada.

Algo muy importante, siempre que escribas o hables de ti, hazlo con un gran cariño y respeto. El hecho de perderte algunas veces, forma parte del camino y tratarte mal o menospreciarte lo único que conseguirá será que abandones.


Rellena el formulario y cuéntame en qué te puedo ayudar. Recuerda que la primera sesión es gratuita.

No responses yet

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *