El psicólogo norteamericano Wayne Dyer, escribió en su libro “Tus zonas erróneas” que la mitad de la gente con la que coincidimos de adultos, es probable que esté en desacuerdo con nuestra manera de pensar y de ser; por lo que, según Dyer, si nos topamos con alguien que nos critica podemos creer que acabamos de coincidir con una persona que pertenece a ese 50% que no está de acuerdo con nuestra manera de pensar.

El grupo como defensa ante los depredadores, por ejemplo un leopardo.

Memorias ancestrales en nuestro subconsciente

A lo largo de la historia de la humanidad, han habido épocas y momentos en los que, si un individuo se separaba del grupo en el que interactuaba, tenía grandes posibilidades de morir devorado por depredadores o asesinado por bandidos.

Esto provocaba que las personas que vivían en un grupo social, hicieran lo imposible para mantenerse dentro de él y evitar la expulsión del mismo.

Actualmente, uno de los miedos más frecuentes con los que convivimos es el miedo a la crítica social o al “qué dirán”, y este es uno de los miedos más limitantes y que más sueños e ilusiones destruye.

Te invito a que escribas una lista con todas aquellas cosas que haces o no haces tan solo para recibir la aprobación de tu entorno y, si no resuenan contigo, si sientes que al hacerlas no te eres fiel a ti misma, empieza a cambiarlas. Poco a poco, pero con paso firme.

Piensa que el planeta está lleno de personas, y que si no te sientes bien en un grupo social, puedes buscar y encontrar otro que encaje mejor contigo. Ahora puedes hacerlo sin miedo ni a las fieras ni a los bandidos.

El problema nace cuando queremos agradar a todo el mundo

De pequeñas nos domestican para que seamos “buenas”, “nos portemos bien” (algo que significa “molesta lo menos posible”), etc. y en la infancia sí que somos seres muy vulnerables, que dependemos de nuestros adultos de referencia para poder vivir; por lo que en esa etapa hacemos lo que sea para recibir la aprobación y la aceptación de nuestros padres, abuelos, maestros, etc.

De esta manera, vamos recortando nuestras alas y empezamos a traicionarnos a nosotras mismas. Poco a poco, vamos dejando de ser nosotras, para ser quienes los demás esperan que seamos. Algo que provoca baja autoestima y una fuerte necesidad de aprobación por parte de los demás.

Toma consciencia de todo lo que no te gusta hacer y que solamente haces para agradar a los demás, y trabaja para cambiarlo.

Ha llegado el momento de empezar a serte fiel de nuevo.

El inútil sufrimiento de querer gustar a todo el mundo

Y es inútil porque es algo que no se va a lograr nunca. Hay un cuento popular árabe que mi papá me contaba a menudo cuando yo era pequeña y que refleja muy bien lo imposible que es agradar a todo el mundo.

Cuento del burro.

La historia habla de un padre y un hijo que se desplazaban de pueblo en pueblo:

Un día, el padre le dijo a su hijo que montara encima del burro para que el viaje se le hiciera más cómodo; pero al llegar al primer pueblo, los aldeanos del lugar empezaron a hacer comentarios del tipo:

– ¡Fíjate! ¡Qué vergüenza! El padre que es mucho mayor que su hijo va a pie y su hijo va en burro. ¡El mundo al revés!

Así es que a la salida del pueblo decidieron cambiar, de manera que el padre montó en el burro y el hijo iba caminando. Pero al llegar al siguiente pueblo, la gente del lugar comenzó a decir:

– ¡Madre mía! ¡Qué padre más desconsiderado! Él va cómodamente encima del burrito y su hijo, pobre, tiene que ir a pie. Desde luego, ¡lo que hay que ver!

Cuando se fueron de ese otro pueblo, el padre le dijo a su hijo que irían los dos encima del burro y así todos contentos; sin embargo, al llegar a otro pueblo, los lugareños exclamaron al verlos:

– ¡Será posible! ¡Pobre animal! Cabalgando por estos caminos con dos personas a cuesta. Hay quién no tiene piedad.

Así es que, finalmente, decidieron bajar los dos del burro y seguir caminando al lado del animal. Cuando llegaron a una aldea próxima, pudieron oír los comentarios burlescos de la gente del lugar:

– ¡Ja, ja! ¡Fíjate! Tienen un burro y los dos van andando. ¡Menuda estupidez! 

En ese momento el padre se dio cuenta que debían hacer lo que a ellos les pareciera correcto y no permitir que las opiniones críticas de la gente les influyeran en sus decisiones. Le quedó claro que es imposible complacer o gustar a todo el mundo.

Deja de criticarte y deja de juzgar

Casi podría decir que la crítica y el juicio lo llevamos en el ADN porque es algo que tenemos muy arraigado, pero por fortuna no es así.

Así es que te invito a que, a partir de ahora, tomes consciencia de cada crítica y juicio que emitas contra ti o contra otras personas y vayas eliminándolos de tu vida.

No es fácil porque, tal y como te he dicho antes, es algo que lo llevamos absorbiendo de nuestros adultos desde que somos bebés. Atrévete a cambiar esto, a aceptar a las personas como son, a aceptarte y a amarte a ti por el mero hecho de existir. Cada vez que te des cuenta que has emitido un juicio, pídete perdón y cambia la afirmación por otra que sea positiva. Es un proceso lento, pero, cuando lo logras, consigues un elevado nivel de paz interior.

Lee aquí la continuación de este artículo: «El inútil y agotador esfuerzo de querer gustar a todo el mundo (II)»

Un abrazo.

No responses yet

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *