“La vida no es más que un tejido de hábitos.”

Henri-Frédéric Amiel

Los hábitos tienen un gran poder en nuestra vida.

Qué es un hábito y cómo se construye.

Un hábito es el resultado de una acción voluntaria y aprendida (no nacemos con ellos, los incorporamos a lo largo de nuestra vida) que repetimos frecuentemente de forma automática. Ejemplos de hábitos diarios son el cepillarnos los dientes después de cada comida, ducharnos cada mañana, etc.

Son actos que hacemos casi sin darnos cuenta porque los hemos repetido tantas veces que ya están implantados en nosotras, por esto los realizamos de manera automática.

Se construyen a base de repetirlos y repetirlos a lo largo del tiempo.


Dos tipos de hábitos.

Podemos diferenciar entre dos tipos de hábitos:

–       Los saludables o beneficiosos.

Son aquellas acciones que favorecen nuestra salud a nivel físico, mental y emocional.

Quizás puedan costar un poco de afianzar al principio, pero una vez tenemos integradas esas acciones en nuestra vida diaria se terminan convirtiendo en hábitos saludables que ya hacemos sin ser demasiado conscientes.

Son hábitos saludables el lavarnos los dientes cada día, el dedicar un rato diario a practicar meditación, tener una cita contigo misma y también quedar con personas amigas para charlar y divertirte, y un montón más.

–       Los tóxicos o perjudiciales.

Son aquellas acciones que perjudican nuestra salud a nivel mental, físico y emocional.

Siempre nos aportan algún perjuicio, nos traen resultados negativos en nuestra salud.

Algunos ejemplos de este tipo de hábitos son el beber alcohol, no hacer ejercicio, dormir poco, ir posponiendo tareas, etc.


Cómo nacen los hábitos.

Incorporar un nuevo hábito requiere de la voluntad de repetir una y otra vez algo, o sea, que queremos hacerlo.

Al principio, estas acciones acostumbran a costarnos más o menos porque integrar un nuevo hábito supone un cambio de nuestras rutinas habituales y a las personas no nos acostumbran a gustar para nada los cambios.

Por esto, a veces, nos cuesta tanto cambiar de hábitos, porque suponen empezar de nuevo algo que ya teníamos incorporado de manera rutinaria (los beneficiosos y los perjudiciales).

Si yo, por ejemplo, tengo el mal hábito de beber una bebida azucarada diariamente y tomo consciencia de que es un hábito tóxico y que necesito cambiar, lo primero que tendré que hacer es aceptar que necesito modificar este hábito, luego la voluntad de cambiarlo y, finalmente, el más importante, perseverar hasta lograrlo. Estudios recientes dicen que se necesitan entre 60 y 70 días para incorporar un nuevo hábito; eso sí, tienen que ser todos los días seguidos. Si fallamos algún día nos va a tocar volver a empezar desde el principio.

Si eres consciente de tus malos hábitos, deseas cambiarlos por otros saludables y te cuesta, puedes aliarte con otras personas que también quieran cambiar sus hábitos perjudiciales y les cueste.

Podéis acordar juntas pequeñas metas diarias y compartir en un grupo de Whatsapp, por ejemplo, cómo os va. El grupo también sirve para dar ánimos y ayudar a perseverar.

Sea como sea, te invito a que tomes consciencia de tus malos hábitos y empieces a diseñar cómo cambiarlos por otros saludables.


Rellena el formulario y cuéntame en qué te puedo ayudar. Recuerda que la primera sesión es gratuita.

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