Este es un cuento corto de la India para reflexionar que la riqueza más importante no procede del exterior sino que está en el interior de cada persona.

La riqueza interior no la dan los bienes materiales.

Hubo una vez un rey sin hijos que, viendo su final muy cercano, mandó llamar a su consejero espiritual que era un hombre muy sabio. Todos pensaban que, conociendo el buen criterio del consejero, el rey le pediría consejo sobre quién debería heredar el reino. Sin embargo, el rey le dio un bambú y le dijo:

  • Me quedan pocos días de vida y te quiero encomendar esta misión: quiero que entregues este bambú a la persona más tonta del reino.
  • Pero, mi rey, será muy difícil porque vuestro reino es extenso y tenéis muchos súbditos…
  • Lo sé -le replicó el rey- pero tienes algunos días para encontrar a esa persona y confío en ti.

El consejero aceptó sin entender esa petición y partió en seguida en busca de la persona más tonta.

Después de recorrer todos los pueblos, aldeas y ciudades, y de hablar con mercaderes, pescadores, artesanos, agricultores, etc., con personas de todo tipo de estatus y condición, no encontraba a la persona más tonta del reino y se dio por vencido, regresando a palacio. Cuando vio al rey, se excusó diciendo:

  • Mi señor, no he podido entregar el bambú puesto que me ha sido imposible encontrar a la persona más tonta del reino, todas me han parecido sensatas.
  • Da igual, puesto que ahora tengo una preocupación mayor. Tengo muchas riquezas, me falta muy poco para morir y no quiero dejarlas aquí, en la vida terrenal. Dime, ¿cómo puedo llevármelas conmigo cuando muera?

Al oír esto, el consejero miró al rey y le tendió el bambú. Se dio media vuelta y se alejó.

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