“Cuando vivimos el momento presente, no hay espacio para miedos irreales.”

Janet Recasens

Un miedo irreal se centra en el futuro, sea próximo o lejano. Si nos centramos en vivir el presente, aquí y ahora, ese miedo irreal pierde su fuerza.

Los miedos irreales son aquellos que solo existen en nuestra mente y en los que nuestra vida o integridad físicas no corren ningún peligro, pero que todo nuestro organismo actúa ante ellos como si fueran reales.

Estos miedos acostumbran a ser una especie de premoniciones futuras que construye nuestra mente en función de sus creencias limitantes o de experiencias vividas. Al ser algo no real, imaginando cómo una serie de cosas de nuestra vida van a salir mal en un futuro, si logramos mantenernos en el momento presente, estas ya no existen.


La importancia de reeducar a nuestra mente.

El joven escritor Christopher Paolini dijo “Vive el presente, recuerda el pasado y no temas el futuro, porque no existe, ni existirá jamás. Sólo existe el ahora”. Cuando decimos que el futuro no existe es porque cuando llegamos a él ya no es futuro, es presente; por lo que es en el momento presente el instante en el que tenemos el poder de construir nuestra vida, paso a paso.

Nuestra mente no puede estar callada demasiado rato, y, si no la vamos reeducando, los mensajes que nos irá lanzando son bastante tóxicos con respecto al futuro; todo esto es un gran ruido mental que lo único que consigue es generarnos angustia respecto al futuro.

Algo que nos ayuda muchísimo a educar nuestra mente es el hacer dos respiraciones profundas varias veces al día.

La respiración es la única cosa que no podemos dejar para después. Ella nos conecta con el aquí y ahora. O respiramos o estamos muertas, no hay un término medio.

Concentrarte varias veces al día en hacer dos respiraciones, te va a ir regalando momentos cada vez más largos de bienestar y de conexión con tu momento presente.

Es una práctica y para obtener resultados hay que ser perseverante.


Cosas que podemos hacer para estar más presentes.

–       Observar sin opinar, criticar ni juzgar.

Esto es válido también para las opiniones que consideramos positivas. El juego consiste en observar sin que nuestra mente intervenga para nada. Ella es rápida en opiniones, juicios y críticas y acaba transmitiéndonos mensajes de angustia.

Empieza practicando unos breves minutos al día, y una semana más tarde dobla el tiempo con el que empezaste, y así progresivamente hasta que consideres que has alcanzado tu tiempo.

–       Aprender de les niñes.

Les niñes saben vivir y disfrutar el presente. No juzgan, disfrutan descubriendo cosas nuevas, no tienen la mente cargada de miedos irracionales y su mochila emocional no contiene, ni mucho menos, el veneno que tiene la de la mayoría de las personas adultas.

Observar cómo juegan, con qué intensidad hacen las cosas a cada momento, con qué facilidad se ríen, etc.

Disfruta de les niñes tanto como puedas y aprende su manera de vivir, que, a fin de cuentas, fue la tuya hasta que te domesticaron.

–       Canta y baila, como mínimo una vez al día.

No importa si no tienes ganas, si te duelen las piernas o las tienes imposibilitadas, porque puedes mover tus brazos, tu cabeza, tus ojos, los dedos de tus manos… Si estás aquí, en este mundo, seguro que puedes mover alguna parte de tu cuerpo; y si realmente no puedes, imagina que lo haces. La imaginación tiene un poder extraordinario.

Canta a pleno pulmón, disfruta al máximo de las canciones, sonríe mientras cantas. No vas a ir a ningún concurso de canto, así es que da lo mismo cómo cantes, aquí de lo que se trata es de cantar para conectar con tu lado alegre y con tu momento presente.

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