“Según experimentos realizados a personas voluntarias, se ha detectado que las personas con ansiedad tienden a interpretar como amenazas palabras y situaciones neutras.”

Janet Recasens

La ansiedad es una situación emocional que todas las personas experimentamos a lo largo de nuestra vida. Mientras sean experiencias puntuales y justificadas, no tienen mayor problema; este surge cuando la ansiedad se instala en nuestra mente y no nos deja vivir en paz.


La ansiedad no siempre perjudica nuestra salud.

Como he dicho un poco más arriba, la ansiedad puede presentarse de manera puntual y justificada; esto es cuando estoy ante una amenaza real, o sea, cuando mi vida o la de las personas que se encuentran conmigo, está en peligro y hay riesgo real de sufrir heridas (en un atraco, por ejemplo).

En estos casos, la ansiedad activa todas nuestras defensas para intentar salvarnos del peligro de la mejor manera posible, y, una vez superada esta amenaza, todo nuestro organismo vuelve a su estado normal.

El problema surge cuando la ansiedad se queda instaurada en nuestra mente (la angustia, la sensación de peligro, de que las cosas no van a ir bien, de que alguien nos mira mal, o la de ver amenazas por todas partes, etc.), y nuestro organismo está en alerta permanente porque entonces pasamos de vivir a sufrir.


Reconoce tu ansiedad y acéptala: es el punto de partida para soltarla.

Una de las trampas más frecuentes es la de no reconocer que tenemos un problema porque entonces él campa a sus anchas sin nada ni nadie que lo ponga a raya.

Cuando reconocemos que estamos sufriendo ansiedad y, en lugar de resistirnos a ella, la aceptamos, podemos empezar a trabajar para controlarla.

Aceptamos la ansiedad cuando, en el momento en que se presenta, nos damos permiso para vivirla y ponemos atención a todo lo que ocurre en nuestro cuerpo y en nuestra mente mientras dura. No vamos a juzgar ni a valorar nada, solo lo observamos, y algo muy recomendable es que lo escribas en un cuaderno.

Nadie, y mucho menos tú, tiene la culpa de que estés viviendo con ansiedad; aunque tú eres la persona que te puede sacar de aquí porque no eres culpable de nada, pero sí que eres responsable de lo que vas a empezar a hacer a partir de ahora para vencer la ansiedad. Para ello es importante que aprendas a escuchar tu cuerpo y observes en qué momentos se dispara más la ansiedad, si hay un detonante… Escribe todo lo que puedas. Esto te servirá para tomar distancia.


Cosas que puedes empezar a hacer para vencer la ansiedad.

1-    Haz dos o tres respiraciones profundas varias veces al día.

Las respiraciones conscientes nos conectan con el presente y en el presente no hay espacio para la ansiedad.

Siempre insisto mucho en esta práctica porque es realmente efectiva, siempre y cuando la practiquemos a diario.

2-    Guarda en tu agenda un espacio para las preocupaciones.

Sí, lo has leído bien. Dedica un rato cada día a tus preocupaciones. Cuando destinas un tiempo en exclusiva para preocuparte, le mandas un mensaje a tu cerebro de que hay un tiempo determinado para esto y que pasado este tiempo toca enfocarse en otro tema.

Escribe en tu agenda, por ejemplo, de 7:00 a 7:30 de la mañana voy a poner atención a mis preocupaciones y las voy a escribir en mi cuaderno. Después, ya no podré dedicarles tiempo porque tengo otras tareas a realizar.

Es importante que este ejercicio se realice durante el día y en un horario que no sea cercano a la hora de ir a la cama.

3-    Dedícate un buen rato a pensar y escribir recursos que te servirán para distraer tu atención de la ansiedad.

Esto te ayudará cuando empieces a sentir que la ansiedad te domina. En esos momentos es difícil pensar en los recursos de que dispones para distraerte, pero, en cambio, si los tienes escritos en el teléfono o en un cuaderno que lleves siempre a mano, podrás acceder a ellos sin pensar.

Por ejemplo, puedes escribir algo así: “escuchar esta canción (y pones el título)”. En este caso, es muy recomendable que la tengas descargada en tu teléfono y que no la tengas que buscar. Cuantas más facilidades te des, mejor gestionarás las crisis.

También resulta de utilidad tener a mano una fotografía (o más de una) que te proporcione buenas sensaciones cada vez que la mires.

Escribe alguna frase que te recuerde una anécdota divertida que te haya pasado. Tiene que ser de esas que cada vez que la recuerdas te da un ataque de risa. Todas las personas tenemos alguna.

 4-    Incorpora la lentitud a tu vida.

Procura hacer las cosas despacio, principalmente cuando te notes con más ansiedad.

Si vas al baño a refrescarte la cara para mirar de relajarte, hazlo lentamente, lo más despacio que puedas.

Si vas a beber un par de sorbos de agua, hazlo muy despacio.

Cuando hacemos las cosas lentamente le vamos mandando un mensaje a nuestro inconsciente de que no hay peligro. Recuerda que la ansiedad nos aparece cuando nuestra mente cree que hay una amenaza; este mensaje de “peligro” acelera nuestro organismo porque una de las cosas que intenta es que salgamos corriendo de allí; cuando nos dedicamos a hacer las cosas lentamente, le mandamos un mensaje subliminal que él interpreta como: “si está haciendo las cosas despacio es porque no hay peligro; voy a calmarme”.

Recuerda que todas estas cosas funcionan si se realizan con frecuencia y cada día.

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