“Voy despacio, pero jamás desandando lo andado.”

Abraham Lincoln

Define tu objetivo en pequeñas metas asumibles y conviértelas en hábito diario; eso te ayudará a perseverar.

Cómo diseñar tu mapa del tesoro.

Lo primero que necesitas saber es lo que quieres lograr, a dónde quieres llegar para que luego puedas planificar tu ruta diaria y tener organizado tu día a día, saber qué vas a hacer para irte acercando cada vez más a tu meta.

Lo que debes tener en cuenta es que lograrás antes tus objetivos si los distribuyes en pequeñas acciones diarias, y, el hecho de tenerlas anotadas con antelación es lo que te ayuda a perseverar.

Es la diferencia entre levantarte y pensar qué vas a hacer hoy, a sentarte en la mesa de trabajo y saber qué vas a hacer; esta planificación te da tranquilidad y paz mental, permite que llegues a lograr tus objetivos con mayor facilidad.

Para diseñar este mapa del tesoro, y una vez tienes clara tu meta principal, es el momento de planificar las pequeñas acciones diarias que vas a ir realizando y que te van a acercar, poco a poco, a tu objetivo final.

Destina un cuaderno tamaño DIN A5 para esta tarea. Distribuye cada objetivo diario en una página. En cada una de ellas escribirás como título lo que vas a realizar ese día. Luego la fecha en que vas a hacerlo y a continuación lo que necesitas para poderla realizar: aprender algo nuevo, contar con la colaboración de alguien, adquirir alguna herramienta (en esto incluyo los libros) que te aporte más conocimiento sobre lo que necesitas hacer, etc.

Y, al final de todo, un recuadro reservado para la última hora del día, en el que vas a poner:

–       Hoy, voy a marcar con una cruz si he realizado la tarea propuesta o no.

Sí:

No:             Explica el motivo lo más detalladamente posible.

Si la respuesta es sí, puedes dibujar al lado de la cruz una cara sonriente, confeti, caramelos…

Cuando lleves 25 días seguidos con la respuesta “sí”, hazte un regalo. Lo que quieras.

Si la respuesta es no, estudia qué ha pasado para que puedas corregirlo y poder conseguir cambiar este “no” por un “sí”. Es importante que no te regañes ni te rindas. 


Adquirir nuevos hábitos saludables te catapulta hacia el éxito.

Las personas vivimos nuestra vida en función de los hábitos que hemos ido adquiriendo a lo largo de los años. Un hábito es aquella acción que repites a diario y de manera constante. Es algo que adquirimos, no nacemos con ellos (a diferencia de las emociones que ya llevamos implantadas de fábrica), sino que los aprendemos.

Hemos adquirido hábitos saludables y hábitos nocivos. Estos últimos acostumbran a complicarnos la vida: consumo de alcohol, bebidas azucaradas, cigarrillos, holgazanear, pensar negativamente, etc.; pero la buena noticia es que, al ser algo que hemos aprendido e incorporado a nuestra vida, podemos decidir substituirlos por otros hábitos saludables.

Planificar cada día qué acciones vamos a hacer e ir adquiriendo el hábito de realizarlas en vez de mirar una serie o una película o quedarnos holgazaneando, nos va a permitir lograr nuestros objetivos y, al ir avanzando, nos sentiremos con mucha más motivación.

Al principio del proceso, como el hábito nocivo está muy arraigado en nosotras, es más fácil volver a él. No importa. Cuando esto ocurra, vuelve a empezar. Ten mucha paciencia y mucha comprensión, pero sé inflexible. Comienza de nuevo cada vez que recaigas, hasta que, a base de insistir, logres cambiar de hábito.

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