Este cuento nos traslada a la China para hablarnos de la aceptación, de amarnos como somos, de amar a los demás como son, de ver las cosas desde otro ángulo.

Dale la vuelta a los defectos.

Cada día una anciana iba en busca de agua a un arroyo. Para ello colocaba una vara que sostenía con sus hombros y de la que colgaban dos baldes, uno en cada extremo de la vara.

Aunque llenaba los dos, siempre llegaba a su casa con un balde y medio de agua, puesto que uno de ellos tenía una pequeña grieta por la que se iba escapando el agua.

Un día, ese balde le dijo a la anciana que le entristecía enormemente no poder traer todo el agua, que sentía vergüenza por ello y que comprendería que lo sustituyera por otro nuevo. A lo que ella le respondió:

  • ¿Te has dado cuenta qué lindas flores crecen solamente a un lado del camino? ¿Te has dado cuenta que ese lado es tu lado del camino de vuelta? Cuando me percaté de tu defecto, fuí soltando semillas en ese lado del camino cuando íbamos a buscar agua y tú, sin darte cuenta, las ibas regando al regresar. Eso que tú consideras un defecto, me permite tener hermosas flores en mi jarrón que alegran la casa. Todos tenemos algún defecto, y eso es lo que hace que nuestra convivencia sea interesante y gratificante. Aceptar a cada uno por lo que es nos permite descubrir lo que hay de bueno en él.


Este cuento me gusta especialmente, me inspiró en su momento e intento tenerlo presente. Espero que también te haya gustado.

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