“La mayoría de la gente se avergüenza de la ropa raída y de los muebles destartalados, pero más debería ruborizarse de las ideas andrajosas y de las filosofías gastadas.”

Albert Einstein

Cuida tus pensamientos como cuidas tu aspecto.

Actualmente tenemos implantados unos hábitos de cuidado personal que nos permiten vivir con mayor calidad de vida: ducha diaria, cepillado de dientes, cuidado de la piel, cabello y del cuerpo en general.

En función del evento social al que acudamos (entrevista de trabajo, visita médica, concierto, etc.) elegimos el tipo de ropa y complementos que consideramos más adecuado para cada ocasión.

Esto es algo que ya tenemos totalmente integrado, ahora nos toca añadir a estos hábitos los referentes al cuidado de nuestra mente, nuestro mundo emocional; porque lo tenemos bastante descuidado y es una parte que tiene una gran influencia en nuestro bienestar físico y emocional.

En otras ocasiones nos importa mucho más lo que puedan decir otras personas de nosotras que no de lo que realmente sentimos y, para evitar comentarios que no nos gusta oír, podemos forjarnos una apariencia exterior que no se corresponde con la que nos identificamos; es decir, que nos vestimos y nos arreglamos para aparentar la imagen que otras personas esperan de nosotras.


Hoy es el mejor día para empezar a cuidar tus pensamientos.

Ahora que ya tenemos integrados los hábitos de cuidado exterior de nuestro cuerpo, es el momento de comenzar a tomar consciencia de la importancia que tiene en nuestra vida cuidar los pensamientos que tenemos.

El primer paso es tomar consciencia de cómo son nuestros pensamientos, qué tipo de juicios y creencias limitantes estamos teniendo.

Cada vez que seamos conscientes de que estamos criticando a otras personas o a nosotras mismas es el momento de rectificar, porque cuando estamos juzgando y criticando lo que hacemos es llenar de veneno emocional nuestra mochila y eso, a la larga, supone llevar un peso casi inaguantable.

Empieza a rectificar tus pensamientos, a tener cuidado de los juicios que emites, de qué creencias limitantes te impiden ser quien eres y hacer las cosas que deseas hacer, y empieza a cuestionarlo todo.

Hazte preguntas del tipo: ¿Esto realmente es así o es mi manera de verlo? Esto que estoy pensando o diciendo, ¿me produce bienestar o malestar? Si lo que piensas o dices te produce malestar, cámbialo de inmediato por otros pensamientos o por otras palabras que resuenen más con tu esencia.

Otro tipo de preguntas importantes para ir pensando en ellas durante el tiempo que necesites son: ¿Quién soy?, ¿Cuál es mi misión de vida o qué he venido a hacer aquí? y ¿A dónde quiero ir?

Estas preguntas requieren de tiempo para ser respondidas, pero en el momento en que te las hagas, tu mente empezará a buscar las respuestas.

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