Cuando la Tristeza se viste de Furia.

 

Hoy os presento un cuento corto de Jorge Bucay, “La Tristeza y la Furia”, que nos invita a reflexionar sobre las emociones que sentimos, que una emoción puede tapar o encubrir a otra.

Por un bosque fantástico, cerca de un estanque, caminaban juntas la Tristeza y la Furia. Hacía calor y la luna se reflejaba en el agua cristalina y mansa del estanque, como invitándolas a un baño. Decidieron bañarse, así que se desnudaron y se dispusieron a entrar en el agua.

La Furia, impetuosa e impaciente como es ella, lo hizo rápidamente, de forma abrupta. La Tristeza lo hizo despacio, a su modo, lentamente.

Al poco rato de nadar, la Furia, que no se puede estar quieta y es irreflexiva, salió a toda velocidad del agua y, tanta prisa llevaba, que no se percató de que se había vestido con la ropa de la Tristeza. Y con la misma prisa se alejó de allí.

Mucho rato más tarde, después de haberse refrescado, de escuchar los sonidos del bosque, de perderse en sus pensamientos, sin prisa, pausadamente, fue saliendo la Tristeza del agua. Buscó su vestido, pero no lo encontró. A ella no le gustan los cambios, pero quedarse desnuda, al descubierto y a la vista de todos, todavía le gusta menos; así que se vistió con la ropa de la Furia y también se fue.

Cuentan que, desde entonces, cuando alguien se cruza con la Furia, vestida con su ropa de rabia, de ira, de enfado, realmente, si uno se fija bien, debajo de esa ropa está la Tristeza.

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