Hoy traigo un cuento hindú que trata sobre la perseverancia, la confianza en uno mismo y el valor del esfuerzo.

El pensamiento positivo, actuar y no rendirse son la clave para conseguir un objetivo.

Un granjero tenía un pozo que había abandonado porque se había secado mucho tiempo atrás.

Un día su mula cayó en ese pozo, y el granjero, alertado por los grandes rebuznos que hacía el magullado y asustado animal, corrió a socorrerla. Enseguida se dio cuenta de que él solo no podía sacarla del pozo, así que llamó a su vecino para que le ayudara.

Cuando el vecino llegó, sopesó la situación y le dijo al granjero que no podrían sacarla, que lo mejor era sacrificarla para evitarle una larga agonía.

Aunque el granjero sentía cariño por su mula, decidió tirar tierra en el pozo cuanto antes, de esta manera la mula quedaría enterrada (acortándole la agonía) y el pozo tapado, y no le volvería a ocurrir lo mismo con ningún otro animal.

Los dos hombres cogieron una pala cada uno y empezaron a tirar tierra dentro del pozo.

Con las primeras paladas de tierra, la mula se asustó todavía más, porque pensó que el granjero la quería enterrar, y empezó a dar coces y a rebuznar mucho más fuerte. Pero, pasados los primeros momentos, la mula se percató de algo: al moverse tanto, sacudía la tierra que le caía encima y, al aplastarla con sus pezuñas, el suelo se hacía más firme y más alto. Entonces se dijo para sí:

  • ¡Esta es la solución! ¡Esto es lo que debo hacer! Mi amo me está ayudando a salir de aquí.

A partir de ese momento, la mula dejó de reburzar y se concentró en sacudir su cuerpo y aplastar la tierra. Sabía que debía tener coraje y determinación, y aunque cada vez estaba más cansada, no dejó de hacerlo y constantemente se repetía:

  • ¡Lo estoy haciendo muy bien! ¡Cada vez estoy más arriba! ¡Cada vez queda menos! ¡No voy a parar! ¡Me salvaré! ¡Puedo conseguirlo! ¡Yo puedo! ¡Yo puedo!

Poco a poco, la mula fue subiendo más y más, hasta que el granjero y su vecino la vieron asomar por la boca del pozo. Los hombres no se lo podían creer, ¡cuán intelitente era ese animal! Y, dando saltos de alegría, acabaron de sacarla de allí, llenándola de elogios y mimos.

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