Hoy, con permiso de mi querida amiga y colaboradora Rosa Muro, voy a empezar este artículo con un cuento zen.

Soltar lastre, ese lastre que tanto nos pesa.

Un día, el maestro contó a sus discípulos la historia siguiente:

Un hombre que iba caminando tropezó con una gran piedra. Se agachó para recogerla y guardarla en su mochila. Poco rato después tropezó con otra piedra e hizo lo mismo.

Él se dedicó a recoger y a guardar en su mochila todas las piedras con las que iba tropezando por el camino.

Llegó un momento que su mochila pesaba tanto que ya no pudo avanzar más en su camino.

Cuando el maestro acabó de contar este relato, uno de sus discípulos se levantó y dijo:

  • Ese hombre es un necio. ¡Mira que cargar con las piedras que se encontraba en su camino!

El profesor le respondió que esto es justamente lo que hacemos cada vez que decidimos cargar con las ofensas que podamos recibir de otras personas y también de esas situaciones que aparecen en nuestra vida y que no nos gustan.

Cuando decidimos no cargar con esas piedras tan pesadas, soltamos de peso nuestra mochila emocional y podemos avanzar con mayor ligereza por nuestro camino de vida.


No perdonar o guardar rencor es el impedimento más grande a tu paz interior.

Para tener paz interior no solo es necesario no hacer mal a nadie ni robar ni cualquier otra cosa similar, ya que si fuera así, la mayoría de nosotras dormiría con una gran paz.

Para tener una vida tranquila es imprescindible que aprendamos a aceptar aquello que se presenta en nuestra vida (nos guste o no) y a perdonar. Cada vez que no perdonamos estamos cogiendo una piedra enorme de nuestro camino y la ponemos en nuestra mochila emocional y esto solo nos bloquea a nosotras.

Cuando tenemos rencor o rabia dentro de nosotras por algo que nos ha sucedido, lo único que ocurre es que nos envenenamos lentamente y nos resulta imposible tener paz interior.

  1. Aceptar la situación es el punto de partida para perdonar y soltar.

Sea lo que sea que esté pasando o haya pasado en tu vida, siempre que no dependa de ti cambiarlo, acéptalo; reconoce que está allí y que negarlo o resistirse a ello solo lo va a hacer más fuerte.

Aceptar una situación no significa que me guste, significa que entiendo que no puedo cambiarla, pero sí que puedo decidir cómo vivirla, ese es mi libre albedrío. 

Cuando decido perdonar, decido que me importa mucho más mi paz interior que el conflicto ocurrido. Algo que nos corroe por dentro es aquello que no perdonamos y que instaura el rencor en nuestro corazón, algo que solo nos perjudica a nosotras y que devalúa considerablemente nuestra autoestima.

¿Para qué perdonar? Pues para cuidar amorosamente tu salud emocional, valorarte por encima de todo y no dar permiso a nada ni a nadie para condicionar tu vida por algo que ocurrió en el pasado.

  1. Busca y encuentra la lección que aprendiste de esa situación.

Algo aprendiste de todo lo ocurrido: a decir que no a tiempo, a poner límites, a conocer algún aspecto de ti que desconocías…

Reflexiona y busca la lección que te trajo esta situación y, una vez la tengas, agradece este aprendizaje que te ha otorgado más sabiduría.

Sé, por experiencia propia, que no es fácil; pero también sé que lo más difícil es el comienzo, luego, con la práctica, va resultando más sencillo.

Como todo, es cuestión de practicar y practicar.

La escritura emocional es nuestra gran aliada.
  1. Escribe todo lo que sientes respecto a esa situación.

Hazlo como si, lo que ocurrió, le hubiera sucedido a otra persona. Escribe desde la distancia, como ese narrador que cuenta lo que observa desde fuera de la escena y de una manera lo más neutral posible.

Luego escribe lo ocurrido desde la mirada de cada persona implicada. Un escrito por persona. Procura ponerte en el lugar de cada una de ellas y dar tu visión de la situación desde allí. Intentando ser lo más neutral que puedas.

Finalmente, escribe lo sucedido desde tu punto de vista y de cómo lo has vivido.

Intenta conectar con tu corazón cuando hagas este poderoso ejercicio. Hazlo con el máximo amor del que seas capaz.

Al final, valora cómo te sientes y perdona lo ocurrido. Puedes escribir al final de todos los puntos de vista relatados: “Suelto esta situación porque quiero tener paz interior. Gracias”. 

En este apartado también te digo que la clave se encuentra en la práctica.

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